Aunque su presencia en el Baile de la Rosa, que se celebró anoche en Mónaco, se ve eclipsada por la princesa Charlène desde hace varios años, en las décadas de los 80 y 90, no hubo princesa más deseada por los fotógrafos que Carolina de Mónaco. Solo su hermana Estefanía pudo hacerle sombra por un breve instante y, en todo caso, sin el poderío regio que siempre mostró la primogénita de Rainiero y Grace Kelly. Su dominio de la situación delante y detrás de la cámara desvelaba a una auténtica jefa de Estado en ciernes, aunque tal posición siempre perteneció a su hermano, Alberto.

Sea como fuere, hasta que el único hijo de los príncipes de Mónaco sentó la cabeza, fue Carolina la que continuó la importante tarea que inició su madre: posicionar al Principado como uno de los polos del glamour, el lujo y la buena vida estilo mediterráneo. De ahí sus posados en el icónico Palacio del Príncipe, la residencia Grimaldi desde la friolera de 700 años y una de las propiedades de al realeza más inescrutables desde que los príncipes Alberto y Charlène tomaran posesión del mismo. Achaquémoslo al deseo de proteger al máximo a sus hijos y preservar la intimidad de su hogar, aunque suponga un frágil consuelo para quienes disfrutamos con el derroche arquitectónico y decorativo que caracteriza a los espacios de la realeza.

el principe alberto de monaco en las escaleras de su palacio
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Por qué no se podía visita el palacio

Visitar el Palacio del Príncipe de Mónaco en su totalidad ha sido imposible durante una década, debido a unos trabajos de restauración que han finalizado a principios de 2026. De hecho, el 30 de marzo vuelve a abrirse al público la residencia oficial del jefe de Estado del Principado, con la oportunidad de poder conocer las obras de arte escondidas hasta la fecha que fueron objeto de restauración: unos frescos renacentistas que cubren un área de alrededor 600 metros cuadrados.

Fue en 2013 cuando un descubrimiento accidental durante unos trabajos de limpieza en la Galería de Hércules inició la investigación, que prosiguió hacia los Salones Oficiales (State Apartments) donde se hallaron más vestigios de dicho fresco. Ahora, por fin puede contemplarse todo el esfuerzo decorativo restaurado y disfrutar en las paredes del palacio de la representación, datada hace cinco siglos, de héroes de de la Antigüedad como Hércules, Ulises o Europa.

Atentos los interesados en contemplar este impresionante fresco renacentista en vivo y en directo: solo se podrá visitar hasta el 15 de octubre, cuando se da por terminada la temporada turística y la familia principesca reside ininterrumpidamente en palacio. Su presencia se señala con un estandarte que ondea en la torre principal.

Dónde está el palacio real de Mónaco

En realidad, el Palacio del Príncipe posee atractivos sobrados para concitar visitantes en cualquier época del año. Erigido en el siglo XIII sobre una roca con vistas al Mediterráneo como fortaleza defensiva, una característica que le distingue del resto de palacios reales europeos. La fortaleza originaria fue reconvertida en residencia real en 1297, cuando fue capturado por los Grimaldi, los señores feudales que lograron el control de la zona hasta la actualidad.

De hecho, mientras los Romanov, los Borbón o los Habsburgo se movían de palacio en palacio a lo largo del año, los Grimaldi tuvieron que conformarse con añadir un ala o un torreón a su palacio debido a lo exiguo del territorio monegasco. A resultas, la edificación sorprende con una mezcla de estilos: sobre la fortificación medieval, la fachada luce renacentista y los Salones de Estado, rococó o neorrenacentistas.

sala privada del palacio del príncipe en monaco
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La mejor ruta para ver el palacio de Carolina

La ruta que sigue la visita va del Patio de Honor, con dos niveles de arcadas, su escalinata de mármol de Carrara en forma de herradura, muros pintados al fresco y pavimento de piedras de Liguria; la Galería de Hércules, una logia con ligeros arcos sustentados por columnas y muros pintados al fresco, y la de los Espejos, a imitación de la de Versalles; los Salones de Estado, mejorados al estilo Versalles en el siglo XVIII y el Salón del Trono.

Por el camino de esta ruta se pueden contemplar algunas de las estancias más sobresalientes del Palacio del Príncipe de Mónaco, salones que fueron saqueados durante al Revolución Francesa, cuando el Principado pasó a manos francesas y la residencia de los Grimaldi se convirtió en un hospital militar y asilo de pobres. Tras la restauración de la dinastía en 1814 se aceleró su recuperación y se redecoraron los interiores con muebles y obras de arte franceses del siglo XVIII.

rainiero de monaco y grace kelly
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Los salones con tragedia del palacio de Mónaco

Fue durante estos trabajos de reforma cuando se cubrieron los frescos originales renacentistas con las nuevas decoraciones al gusto neorrenacentista de la época. El Salón Azul está cubierto de brocados y adornado con retratos de familia y lámparas de araña de Murano. La Sala Roja alberga cuadros de Jan Brueghel el Viejo y la Sala York fue bautizada así porque en 1767 murió en ella el duque de York, hermano del rey Jorge III de Inglaterra.

La Sala Mazarino, decorada con paneles de madera policromada traídos de Francia por el cardenal Mazarino, está presidida por un retrato de este pariente de los Grimaldi. El majestuoso Salón del Trono celebra las hazañas de Alejandro Magno en el techo, pintado al fresco por Orazio de Ferrari, con un trono de estilo Imperio coronado por un dosel rojo con la corona principesca. Las ceremonias más importantes del Estado se celebran aquí.