Cuando Donna Rosen compró esta apartamento en Manhattan ya sabía quién había sido su más famosa dueña: Greta Garbo, la legendaria y bellísima actriz de los años 20, estrella del cine mudo y mito viviente, pasó 40 años de su vida escondiéndose de Hollywood en este piso del Upper East Side de Manhattan.

Lo que no tenía tan claro Donna era quién se había encargado de la magnífica decoración que encontró al cruzar el umbral de la puerta. "No suelo preguntar quién ha decorado el piso de alguien", explica Donna, que es coleccionista de arte y filántropa. "Para empezar, porque siempre lo sé: Mario Buatta, Billy Baldwin. Pero me parece de mal gusto preguntarlo".

pasillo del apartamento de greta garbo en nueva york
Photo by Ngoc Minh Ngo
"No tocamos nada de la arquitectura original de la casa".

Efectivamente, los orígenes del interiorismo de este espectacular apartamenteo que ocupa una fachada entera en Sutton Place están en el trabajo del gran Billy Baldwin. Pero ahora estamos sentados en la última obra maestra del actual diseñador de interiores Stephen Sills: el piso de Donna Rosen con unas ventanas extraordinarias que dan al East River, ahora bajo un cielo gris pálido. Es su segundo proyecto para Rosen, pero, pese a la sólida relación entre ambos, esta nueva casa no fue un encargo fácil.

Greta Garbo: 40 años escondida

El pasado del apartamento valía su peso en oro: fue la residencia de Greta Garbo, la casa a la que se retiró tras dejar el cine a comienzos de los años cuarenta. Un escondite de lujo que envolvió en seda rosa pálida y paredes de madera clara que evocaban de forma arquitectónica escandinavo aire distante. Este era el refugio del que Greta Garbo solo salía de vez en cuando para hacer algún recado con sus mocasines belgas y sus abrigos acolchados, mientras los paparazzi la perseguían con el fervor de quien rastrea a un animal en un safari. La actriz vivió en esta casa durante casi cuatro décadas.

Aunque murió en 1990, sus herederos mantuvieron intacto el estilo que la actrizz había impregnado a la la propiedad Aunque no estaba en muy buen estado, uno de los propietarios entre Garbo y Rosen dejó intactos muchos de los detalles de la decoración original del gran Billy Baldwin, incluida aquella madera anaranjada y la seda Fortuny del dormitorio, que Baldwin ideó después de que Garbo dijera que quería la habitación pintada del color de la luz de una vela brillando bajo una pantalla.

comedor del apartamento de greta garbo
Photo by Ngoc Minh Ngo
Una escultura de Edgard Degas sobre la mesa.

Los desafíos de la reforma

Renovar la casa ya habría sido un reto para cualquiera, pero Stephen Sills es un fanático de la Garbo. "Sabía trabajar con el silencio. Cuando ves sus películas mudas, se aprecia su genio. "Usa solo el rostro para transmitir emociones". Le fascinaba su relación con la fama. "Quería intimidad", dice. "No la exigía; simplemente la quería".

Donna Rosen cuenta que en las fiestas la gente se le acercaba, horrorizada ante la idea de que se atreviera a "redecorar" el queridísimo apartamento de la estrella del cine mudo. Pero las sedas de Fortuny estaban "hechas polvo", recuerda Sills. Y aquella madera: "Imagínate las obras de arte de Donna junto a esas paredes en pino anaranjado!". Y Rosen no quiere estar sola. Quiere vivir rodeada de su insuperable colección de arte.

Nacida en Nueva Orleans, Donna posee obras de valor incalculable de Jasper Johns, Cy Twombly, Marcel Duchamp, Sam Gilliam y Jacqueline Humphries. En los últimos tiempos se ha interesado por las porcelanas japonesas antiguas a las que había que hacer sitio. Recibe invitados con frecuencia y abre su casa a personas de todas las edades procedentes del mundo del arte, la política y los medios.

Había que actualizar la vivienda, sí, pero también hacerla lo bastante flexible como para acoger tanto reuniones íntimas como fiestas con grupos considerablemente numerosos."Tenía que ser el piso de Donna", dice Sills. Y Rosen confiaba en él: "Trabajas como un artista. Piensas, miras y hablas como un artista".

salon en tonos azules claro del apartamento de greta garbo
Photo by Ngoc Minh Ngo

Cómo se modernizó este apartamento

Su primer gesto de modernización consistió en pintar toda la madera anaranjada con un veladura blanca muy pálida. "Quería que la calidez de la madera se transparentara a través del blanco", explica. "Y quería que reflejara el agua". Con la carpintería pintada de blanco, las paredes complementan de manera magnífica el arte de Rosen, en especial un El Anatsui colgado sobre un sofá y una obra de Jason Moran junto a un piano de cola. Dos mesas de Yves Klein articulan las dos zonas de estar del salón, una dorada y otra rosa fucsia. "Ese es, en realidad, el color de Greta Garbo", dice Sills sobre la mesa rosa.

Sills combinó piezas de la vida anterior del apartamento con creaciones nuevas. Dos sofás antiguos de terciopelo blanco espectral, que centellean suavemente con la luz, se conservaron "y están impecables". Nuevas son dos lámparas negras en forma de obelisco. La obra de de Jasper Johns Merce’s Footprint cuelga sobre la chimenea, y la extensa colección de libros del marido de Rosen enmarca el hogar (hace poco enfermó y ya no vive en casa). "Siento como si sus brazos me rodearan", explica Rosen sobre tener los libros tan presentes en el centro de la vivienda.

El interiorista introdujo también antigüedades, como una mesa de comedor redonda para ocho comensales (hoy cubierta de collares de Mardi Gras) y una mesa más pequeña para comer en el salón. "No busco lo caro", dice. "Busco lo adecuado". Aunque lo adecuado, reconoce con una sonrisa, a menudo resulta caro.

dormitorio elegante en tonos grises y azules claros
Photo by Ngoc Minh Ngo

En el estudio, unos animales de cuero de Abercrombie descansan en el suelo bajo unos dibujos de Johns. En un segundo despacho, más pequeño, una chaise longue de lino bouclé color crema pálido está colocada en diagonal para poder admirar el agua. Sills sustituyó la seda de las paredes del dormitorio por lino blanco.

Aquí vive el fantasma de Greta Garbo

Pero hay un recuerdo de la vida pasada allí de Greta Garbo que se ha conservado intacto. Rosen se desliza por el pasillo y abre una puerta con un gesto teatral para mostrar una modesta escalera. "Esta era la puerta del señor Schlee", dice. George Schlee era un inquilino del piso de arriba, con quien Garbo mantuvo una relación. La puerta proporcionaba una conexión discreta entre su apartamento y el de ella.

Closed door featuring multiple locks and a light beige finish.
Photo by Ngoc Minh Ngo
Esta puerta comunica con el pasadizo secreto que unía la casa de Greta Garbo con la de su amante. Se ha mantenido tal como era.

En esta curiosa puerta las cerraduras tiene un mensaje oculto: se cerraban desde dentro del apartamento de Greta Garbo. "¿Lo estaba dejando entrar o lo estaba dejando fuera? Lo que revela esta puerta es que ella quien tenía el control de esa relación», dice Rosen. "No pude resistirme a conservar la puerta en lugar de convertirla en un armario poco profundo. ¡Es el fantasma de Garbo, al menos para mí!".

Nuestro mundo recela de la conservación. La ropa se tira en vez de arreglarse, el arte se vende tan rápido como se compra, los edificios hermosos se derriban y se sustituyen por construcciones endebles como de papel. Pero también podemos apegarnos tanto al pasado que renunciemos al placer de avanzar, en lo intelectual, lo político y lo espiritual. «Me encanta cambiar de opinión», dice Rosen. «Me gusta sentirme iluminada. Es uno de los grandes momentos de la vida».

greta garbo en una foto de 1932
Donaldson Collection//Getty Images
Greta Garbo, en 1932.

A estas alturas, el sol casi ha terminado de ponerse y el cielo adquiere un rosa Garbo. E incluso un admirador entregado de Garbo debe admitir que los azules puros y los grises pálidos de Sills armonizan mucho más serenamente con el frío calmado del agua y del cielo que los tonos arena originales. Rosen describe ahora el apartamento como dotado de una "sensibilidad de Nueva Orleans, hecha de bruma y palimpsesto".

Más que una galería o un refugio, se siente como un hogar. Como buena oriunda de Nueva Orleans, Rosen cree en los fantasmas, por supuesto. Aún no ha sentido la presencia de la estrella, pero Sills dice que sueña con ella. «Quería hacer feliz a Garbo», dice. Y, por supuesto, la propia Garbo fue la reina de saber cuándo seguir adelante. Le encantaría que Sills y Rosen hubieran hecho lo mismo.