Una pareja que trabaja en el centro de Madrid buscaba una nueva casa y los requisitos que se marcaron al elegirla fueron que querían poder ir caminando desde ella a su despacho cada día y que estuviera situada en una zona donde hacer vida de barrio. Con esto claro, el radar de búsqueda se acotó al barrio de Salamanca, donde encontraron un ático que corona un edificio proyectado por Juan Manuel Ruiz de la Prada, una figura clave en la arquitectura residencial de lujo en el Madrid de los años 60, conocido por materiales como el ladrillo y la teca y por un enfoque muy racionalista de los espacios, a la manera de Frank Lloyd Wright.

Aunque la localización era perfecta, la casa, de 300 metros cuadrados y desde la que se puede ver la sierra de Madrid y el skyline madrileño dominado por las Cuatro Torres, no terminaba de adaptarse a sus necesidades. "Presentaba una distribución muy compartimentada que dificultaba la entrada de luz natural y limitaba la percepción espacial", explican la arquitecta Belén del Yerro y la interiorista Amaya Sainz, las encargadas de conseguir que el match de esta familia y su nueva casa fuera perfecto.

un piso reformado en la calle lagasca y decorado con papeles pintados
Montse Garriga

Una reforma que mejoró la distribución y potenció la luz natural

A la hora de soñar con su nueva casa, lo que los propietarios transmitieron era que querían, por un lado, una zona de día amplia y cómoda para poder estar todos en familia y, por otro, zonas privadas donde cada uno pudiera tener su espacio. También necesitaban más espacio de almacenaje y potenciar la luz natural, y deseaban dar uso a una de las joyas del ático, una terraza de 30 metros cuadrados muy poco cuidada, "prácticamente inutilizada y desvinculada de la vida cotidiana de la casa", añaden Belén y Amaya.

Con esta lista de tareas redactada, las expertas se pusieron manos a la obra para cumplir todos los puntos: "Hicimos una reforma integral de la vivienda, con el objetivo de redefinir completamente la distribución y potenciar la calidad espacial de este ático", explican al unísono. Ahora la casa resulta más cómoda y con una distribución más fluida y ordenada, algo que se percibe nada más entrar, donde nos recibe un hall que da acceso al salón, la cocina y la zona de lavandería, ordenando la casa desde el comienzo.

El salón-comedor, muy luminoso, confortable y con suficientes asientos para toda la familia, ocupa una superficie de 65 metros cuadrados y desde él se puede pasar a la cocina con office mediante una doble puerta acristalada y a la terraza, "generando continuidad entre interior y exterior", apuntan. El salón también cuenta con un despacho anexo con vistas a un patio empedrado con un olivo, que aporta un interesante elemento natural, conectando aquí también el interior de la vivienda con el exterior.

Cómo tener espacios privados para cada miembro de la familia

El planteamiento al proyectar la zona más privada de la vivienda fue diferente. Belén y Amaya querían que resultara "más recogida" y que cada miembro de la familia pudiera tener un rincón para ellos solos. Un pasillo con armarios entelados, diseñados para maximizar el almacenaje, conduce a las estancias más íntimas y personales. Los niños cuentan con su propia zona de estar y de juegos y el dormitorio principal dispone de dos vestidores y baños independientes, uno para cada cónyuge. También podemos encontrar en estos espacios privados un aseo de cortesía y una sala de televisión o lectura.

un piso reformado en la calle lagasca y decorado con papeles pintados
Montse Garriga

Cómo conseguir un interiorismo personalizado

Una vez organizado el espacio, llegó la hora de vestirlo. Para inspirarse, las interioristas se fijaron en el estilo personal de la propietaria, "con referencias al mundo del arte, la moda y la fotografía, y una clara inclinación hacia el uso expresivo del color", explican. Quisieron partir de una base cromática de tonos neutros y atemporales y aplicar sobre ella toques de colores más vivos "que aportan dinamismo y personalidad" a través de los textiles, accesorios y las obras de arte. Definen el estilo conseguido como "urbano contemporáneo".

Para los acabados, recurrieron a los infalibles materiales naturales como la madera de roble y la piedra natural, elegidos no solo por su belleza atemporal, sino también por su capacidad para aportar calidez, textura y coherencia a todo el proyecto. El recibidor es el ejemplo perfecto de cómo los han empleado: "hemos creado un espacio contenido, revestido con carpintería de palillería de roble, concebido como una antesala acogedora y neutra que da paso a un interior más abierto, luminoso y colorido". En este primer contacto con la casa, la madera envuelve el espacio y genera una sensación inmediata de refugio.

Recorre esta casa familiar en el Barrio de Salamanca
un piso reformado en la calle lagasca y decorado con papeles pintados

Para el mobiliario, las interioristas jugaron a mezclar sin miedo. Seleccionaron con mucho cuidado piezas únicas y las combinaron con antigüedades y muebles diseñados a medida por ellas que se ajustan perfectamente a las necesidades y gustos de los clientes. Aunque las piezas son de procedencias y épocas muy distintas, han logrado que todas dialoguen y casen a la perfección, aportando interés y profundidad, dando como resultado un interior sereno y con historia en el que apetece (mucho) vivir.