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La trayectoria de Kathryn M. Ireland da un nuevo significado al término educación en casa. Aunque cursó estudios de manera oficial en distintos colegios británicos, el conocimiento que ha impulsado su éxito lo adquirió por una especie de ósmosis doméstica: en las casas de su infancia en Londres y Escocia, y en las que después creó para su propia familia en Los Ángeles. “Nunca estudié arquitectura ni interiorismo”, explica la autora de A Life in Design y estrella del programa de Bravo Million Dollar Decorators. “Creo que simplemente está en mi ADN”.
Antes de dedicarse a la decoración y al diseño textil, Ireland trabajó como cineasta. El salto de una profesión a otra se produjo tras un comentario aparentemente casual de un amigo: “Quiero vivir en tu casa”. Ese amigo era el actor y humorista Steve Martin, e Ireland —que por entonces estaba ocupada criando a sus tres hijos— se ofreció encantada a ayudarle a recrear aquel estilo que ella describe como inequívocamente británico en espíritu. “Perros en el sofá y cortinas heredadas”, resume.
Cómo reformar una casa respetando su pasado
Desde entonces, Ireland no solo ha trabajado para una larga lista de clientes de primer nivel, sino que también ha reformado varias casas propias en el sur de California, además de una en el extranjero. “Me gusta pensar que con cada proyecto nace una nueva parte de mí”, dice. El último proyecto es una casa del conocido en Estados Unidos como estilo colonial español con casi un siglo de historia que perteneció originalmente a la estrella del cine mudo Aileen Pringle. Ireland es apenas su tercera propietaria. “Hay algo muy reconfortante en saber exactamente quién vivió aquí antes que yo”.
De hecho, mientras muchos diseñadores abordan una vivienda nueva como un lienzo en blanco, Ireland celebra abiertamente el pasado. “Con demasiada frecuencia, las reformas borran la historia”, explica. “Creo que una casa debe tener alma. Y eso implica respetar la propia casa, así como lo que hicieron con ella las personas que vivieron aquí antes que yo”.
Para este proyecto —una casa de unos 370 metros cuadrados, además de una casa de invitados con dos dormitorios— que completó con la ayuda de su hermano y director de proyecto Robert Ireland, decidió conservar todas las peculiaridades originales: techos con vigas vistas, pequeños rincones ocultos, arcos y pasadizos cubiertos. También reutilizó todo lo posible de los elementos de hierro forjado y las luminarias originales de la casa, e incluso replicó sus paredes de estuco aplicadas a mano.
El secreto para una decoración con personalidad: muebles vintage y textiles
Su manera de decorar sigue una filosofía similar. “No puedo ser monástica”, dice. “Hay cierto equipaje del que nunca me desharé”. La mesa siciliana pintada a mano que hoy funciona como bar en su cocina, por ejemplo, ha estado presente en todas sus casas anteriores. “Es una pieza muy popular, muy auténtica”, explica. “Se nota que está hecha con amor”.
El gran cuadro de pájaros que preside el salón se lo regaló su autor, el pintor Hunt Slonem, después de que Ireland lo incluyera en una show house. También hay un arcón español que compró originalmente para su casa en Ojai y una cama de hierro forjado procedente de una vivienda más reciente en Santa Mónica. Los seguidores más atentos de su carrera pueden jugar a una especie de ¿Dónde está Wally? al revisar las imágenes de sus casas e identificar piezas que han aparecido una y otra vez.
La fidelidad de Ireland también se extiende a piezas que en su día compró para clientes. Una cama con dosel de madera tallada en un dormitorio de la planta superior, por ejemplo, se encargó originalmente para un cliente que más tarde se trasladó al extranjero. Y los apliques de estaño martillado de la cocina los compró en su momento para Steve Martin. “Siempre les digo a mis clientes: ‘Si alguna vez ya no queréis algo, por favor, por favor, por favor, devolvédmelo’”, cuenta entre risas.
Estas peticiones se deben en parte a que algunos de los artesanos que crearon determinadas piezas ya se están retirando, y la calidad de su trabajo resulta prácticamente imposible de reproducir hoy en día. También hablan del carácter frugal de Ireland. “Creo firmemente en reutilizar y dar nuevos usos a las cosas”, explica. “En este planeta ya hay muchísimos objetos”. Pero, sobre todo, reflejan su confianza en su propio criterio. “Las cosas que me atraen nunca me cansan”, afirma.
A pesar de su fidelidad al pasado, la casa se siente fresca y llena de vida, en parte gracias a la habilidad de Ireland con los textiles. “La tela es como el arte”, dice: aporta color, dibujo y también personalidad a una estancia. Cuando empezó a trabajar como interiorista, Ireland también lanzó varias colecciones textiles, y desde entonces no ha dejado de evolucionar y experimentar con sus diseños.
Combina piezas nuevas y vintage con estampados inspirados en textiles de India, Ghana, México y Marruecos, así como en acolchados británicos y tartanes. El salón, por ejemplo, cuenta con una otomana tapizada con una manta galesa vintage y cojines antiguos de crewelwork, además de varios de sus propios diseños: un tartán suspendido en un vano de paso, pantallas inspiradas en los suzani y cortinas de lino translúcido y textura marcada.
Por encima de todo, este proyecto encarna la convicción de Ireland de que lo que hace bella a una casa es el placer que las personas sienten al vivir en ella. “No tiene sentido tener una casa si no hay risas, felicidad y reuniones”, afirma. Su generosa cocina, el confortable salón y el relajado jardín son escenario de frecuentes celebraciones improvisadas, y la casa de invitados suele estar llena de vida con visitantes, incluidos sus hijos —ya adultos— y dos nietos pequeños.
En cuanto a convertirse en abuela, Ireland abraza este nuevo papel con entusiasmo. “Me ilusiona hacerme mayor”, dice, sonando como alguien que ha pasado por muchas fases a lo largo de su vida y las ha disfrutado todos. “Lo maravilloso de ser diseñadora es que, cuanto mayor eres, mejor te vuelves”, afirma. Especialmente si eres lo bastante sabia como para considerar cada casa como tu maestra.
Exterior
El amor de Ireland por la historia y su instinto para una elegancia relajada guiaron la renovación de su casa colonial española de los años veinte.
Cocina
“La cocina es realmente el lugar donde ocurre la vida”, dice Ireland, que adopta la tradición británica de equipar este espacio con una mezcla de muebles independientes y elementos empotrados. Entre los primeros se encuentran un armario antiguo de pino procedente de Gran Bretaña, un escritorio de Heal’s y una mesa alta de metal y madera inspirada en otra que compró originalmente para un cliente en los Hamptons.
Ireland diseñó la mesa de comedor siguiendo el estilo de las casas de campo inglesas; con sus extensiones puede acomodar hasta 16 comensales. Encontró en Francia las sillas tapizadas en cuero de los años cuarenta hace muchos años, y le gustó tanto su diseño que desde entonces las ha mandado reproducir para distintos clientes. Las lámparas proceden de Marrakech; por la noche proyectan un dibujo de pequeñas estrellas por toda la estancia. El suelo de roble ahumado de tablas anchas pertenece a la colección Martyn Lawrence Bullard para Duchateau.
A la izquierda: Ireland es una fiel defensora de las cocinas AGA y ha tenido una en todas sus casas. Los azulejos verdes del frente de la encimera son de DeVol. “Me encanta que las cosas no sean completamente uniformes”, explica. También prefiere estanterías abiertas a armarios cerrados, para ver de un vistazo todo lo que tiene.
A la derecha: “Esta pieza ha estado en todas mis casas”, dice Ireland sobre la mesa-bar pintada a mano, con sobre metálico y un panel que representa la isla de Sicilia. “Es la mesa perfecta para las bebidas: colorida, popular, hecha con amor”, comenta. Encima hay un aplique de vela que originalmente compró para la casa de Steve Martin. “Mi gran regla es no comprar jamás nada para un cliente que yo misma no querría tener”, asegura.
Salón
Con la ayuda de Ireland, su hijo Otis puso en marcha su propia firma textil, y el sofá y los sillones del salón están tapizados con el tejido Charro de esa colección. Ireland prefiere los tonos neutros para las piezas grandes y las paredes. “Cuando pasan tantas cosas en una habitación, el ojo necesita un lugar donde descansar”, explica.
La otomana está tapizada con una manta galesa vintage. Los cojines del sofá combinan una tela naranja de la línea de Ireland con Scalamandré, un antiguo textil de crewelwork y un terciopelo estampado a mano. La alfombra, de Amadi Carpet, le recordó a Ireland a las tradicionales alfombras de retales. Un asiento inglés capitoné —procedente de una de sus casas anteriores— encaja perfectamente alrededor de la chimenea; la diseñadora está decidida a reutilizar siempre sus piezas favoritas.
Aseo de cortesía
“Elegí este papel pintado para el baño de de Gournay porque a mi nieta pequeña le encantan los animales”, cuenta Ireland. Las cortinas están confeccionadas con un tejido kente de su propia colección. “Los colecciono desde que tenía poco más de veinte años, cuando viajé a Ghana para rodar un documental sobre nuevas religiones”, explica. Una mesa de costura antigua exhibe flores y velas.
Patio ajardinado
Las puertas francesas entre la cocina, el salón y el jardín permiten a Ireland abrazar el estilo de vida californiano que difumina los límites entre interior y exterior. “Me gusta estar fuera siempre que puedo”, dice, y añade que el patio suele convertirse en escenario de reuniones improvisadas. Las sillas son de Lloyd Loom. El mantel está confeccionado con su tejido Togo Check.
Dormitorios
En un dormitorio de la casa de invitados, enredaderas frondosas —el estampado Froxfield de Ireland en rojo— trepan por las paredes. La alfombra de lana procede de Argentina.
A la izquierda: una manta de patchwork galesa cubre una cama con dosel de hierro forjado que Ireland compró durante sus viajes.
A la derecha: “Este dormitorio es donde guardo todos los muebles que me van sobrando”, dice Ireland. Encontró la colcha pespunteada de Joss Graham hace muchos años en Londres. La tela lila del banco procede de Marruecos. El cojín cilíndrico con espejo llegó desde Ahmedabad, en India. Una alfombra vintage de retales (Amadi Carpets) cubre el suelo.
Una reproducción de cama con dosel de estilo angloindio está vestida con una manta galesa. Un candelabro marroquí se transformó en lámpara de mesa. Las telas de las cortinas y de la pantalla pertenecen a la colección de Ireland.























