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Aravaca lleva siglos ligada a Madrid. Fue sexmo de la villa medieval, caserío agrícola flanqueado por los cotos de caza reales de El Pardo y la Casa de Campo, y escenario de algunas de las batallas más cruentas de la Guerra Civil. En 1951 dejó de ser municipio independiente y empezó su segunda vida: la de distrito residencial de casas bajas y urbanizaciones cerradas que hoy figura entre las zonas más buscadas –y exclusivas– de la capital por quienes quieren espacio, tranquilidad, áreas verdes y buena conexión con el centro.
Aquí, en una parcela con jardín y piscina de líneas rectas, se levanta una vivienda unifamiliar de arquitectura contemporánea –volúmenes limpios, ventanas de perfil mínimo– que la arquitecta Casilda Lacalle reformó de manera integral para una pareja. "Mostraron mucha confianza y eso es una alegría para maximizar el resultado", confiesa.
La casa, que partía de unos 240 metros cuadrados, se amplió con casi 200 metros cuadrados adicionales.
La premisa era integrar arquitectura e interiorismo en un único gesto, con mobiliario diseñado a medida en prácticamente cada rincón. De este modo, se conservaron gran parte de la fachada y la mayor parte de la estructura, pero la distribución interior se replanteó de raíz. El punto más exigente fue la planta baja, donde la pareja quería optimizar al máximo la distribución. "Planteamos varias opciones hasta dar con la ganadora", reconoce Casilda Lacalle. Al final, se optó por diseñar aquí la zona de día, con el hall anexo a la escalera, aseo, un gran salón-comedor, una cocina luminosa y acceso directo al jardín con piscina y una pérgola.
Tanto el salón-comedor como la cocina se resolvieron con suelo de Campaspero, un material porcelánico que imita la piedra caliza y crea una base muy natural.
En la cocina se apostó por una combinación de muebles en blanco roto –isla, bajos y columnas– con chapado de roble en los altos, y encimera de porcelánico con veta suave y acabado mate. Toda la carpintería interior se hizo a medida, ejecutada por 7mm Spain, "igual que los sofás, las mesas del salón, las banquetas, las sillas, la lámpara del comedor y el mueble de televisión de la sala de estar del sótano", indica la arquitecta.
El sótano acoge una sala de estar, un bar con su barra a medida, un dormitorio de invitados con luz natural gracias a un patio inglés y baño en suite, además de un baño adicional y cuarto de instalaciones. En la zona de bar, destaca el mural con motivos florales que se inspiran en la acuarela y dotan de un aire romántico muy evocador la estancia.
En la planta alta, las habitaciones se diseñaron con tarima de madera y carpintería en roble natural. El dormitorio principal se distingue por los tonos terrosos y las texturas naturales, con un cabecero a medida tapizado con motivos geométricos, papel pintado con rayas levemente difuminadas, y un estor con franjas anchas que tamizan la luz. A continuación, se disponen el vestidor –con estera como revestimiento de suelo– y el baño en suite. Este último, acabado en mortex, con encimera de piedra cuarcita y doble seno, cabina de ducha y bañera exenta.






















