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Se llama Ca’n Gallineta y es una casa rústica aislada en medio de un paisaje típico mallorquín que lo respeta al máximo a base de diseño pasivo, materiales y porches. Pero mejor empezar desde el principio. El proyecto lo ha llevado a cabo el estudio OAM – Oficina d’Arquitectura a Mallorca. Se trata de una parcela alargada y con un suave desnivel.
La propuesta se adapta a este terreno ubicándose en la parte elevada y con una forma igual que la parcela, lo que permite minimizar el movimiento de tierras y que la casa disfrute de una gran fachada a sur.
"Para reducir el impacto visual y mejorar la integración en el entorno, se propone un edificio completamente en planta baja. También se crea una plantación de algarrobos que ocultarán la casa desde el camino. Además, la vivienda se sitúa junto a un pinar existente, lo que la esconderá desde la parte más alta de la colina situada detrás", analiza el estudio.
La casa se organiza en diferentes volúmenes rectangulares que se desplazan unos respecto a otros, "posibilitando la aparición de patios y porches entre ellos. Este juego de desplazamiento ayuda también a romper la linealidad y longitud de la fachada". Estos volúmenes rectangulares se encuentran unidos bajo de una gran cubierta inclinada a un agua, la cual proporciona uniformidad al proyecto. Frente a esta cubierta inclinada se crea un elemento horizontal, un zócalo formado por una serie de porches y pérgolas, que confiere un ritmo constante y ayuda a reducir la sensación de altura de la fachada.
"Para estos porches con repetición de pilares a distancia regular se han tomado como referencia las construcciones de conducción de agua que pueden encontrarse en diversos lugares del campo mallorquín", nos cuentan.
El esquema funcional de la casa se propone a partir de unos espacios servidores de distribución adosados a la fachada norte (cubiertos con bóvedas de cañizo), "que conectan con las diferentes estancias orientadas al sur. Estos espacios de circulación, de distintas dimensiones, adquieren sentido a medida que acogen nuevos usos, como el estudio, el recibidor de entrada o la cocina". Además, se disponen dos zonas de noche en cada extremo de la vivienda, generando así mayor privacidad entre padres e hijos.
Como buena finca rústica, se plantea un sistema constructivo de muros de carga de hormigón celular "de 30 cm de grosor", que actúa como buen aislante y permite evitar los puentes térmicos. Su bajo peso posibilita una ejecución fácil y rápida, así como la generación de pocos residuos, que pueden triturarse y reutilizarse para realizar las juntas. "Además, requiere poca energía para su fabricación en comparación con otras soluciones. Todo ello lo convierte en un material con una baja huella ecológica y una alta eficiencia energética".
Y es que se ha prestado especial atención a la utilización de estrategias de diseño pasivo, "como la orientación sur, la reducción de aperturas a norte y a oeste, la creación de umbráculos a través de porches, pérgolas y vegetación de hoja caduca. Así como en la incorporación de sistemas activos de alta eficiencia energética como la ventilación con intercambiador de calor". A todo ello hay que unirle "el uso de materiales con baja huella y de proximidad como pueden ser el mortero de cal de la fachada, el aislamiento térmico natural de la cubierta con bolas de Neptuno (posidonia oceánica) recolectadas en la costa próxima o el tratamiento de los espacios exteriores con cerámica triturada reciclada".
Más información: officearchitecturemallorca.com








































