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María Marco Bálgoma, arquitecta de profesión, creció rodeada de arte y antigüedades gracias al negocio familiar de galería de arte contemporáneo y anticuario. Esta experiencia le proporcionó una perspectiva única que hoy aplica en su estudio, fusionando su pasión por la arquitectura y el diseño con su profundo aprecio por las piezas únicas que cuentan una historia.
Este proyecto nace de la confianza de un cliente conocedor de su trayectoria familiar, quien buscaba en María la capacidad de crear espacios elegantes con un aire clásico, pero aportando su propia visión fresca y actual, resultando en espacios rompedores. En definitiva, un clásico reinventado. "Como unión de estos mundos, el clásico y el contemporáneo, ponemos en valor la artesanía, uno de los pilares fundamentales de mi estudio. En cada espacio conviven armoniosamente piezas únicas de distintas épocas y movimientos estéticos con creaciones contemporáneas de diseños propios ejecutados por nuestro equipo de artesanos de confianza. Esta mezcla de estilos potencia el contraste, creando espacios sofisticados y atemporales, donde la importancia reside en la calidad y autenticidad de las piezas, y por supuesto, en la belleza de las mismas", declara la arquitecta.
El hall que la arquitecta y su equipo se encontraron era alargado y estrecho, con escasa iluminación natural. "Decidimos forrar la pared enfrentada a los ventanales del salón con un espejo artesanalmente envejecido en un tono cobrizo, que iría en sintonía con la paleta de tonos de la casa". De esta manera, no solo reflejaría la luz, sino que también ampliaría visualmente el espacio. "Además, revestimos el resto de paredes del hall con un exquisito papel pintado inglés que, al reflejarse en el espejo, crea la ilusión de un bosque que inunda la entrada".
Las puertas de paso de roble se mantuvieron, pero se lijaron y barnizaron "para conseguir el tono natural que queríamos, con el objetivo de aportar singularidad y un toque de calidez extra a la casa". Al igual que en el resto de la vivienda, el mobiliario está compuesto por piezas de anticuario, como la consola de medialuna estucada francesa del SXIX, "muy en sintonía con los tonos pastel del hall y el aire romántico que lo envuelve". Para marcar el contraste, "colocamos una serie de obras contemporáneas, como esta imponente pareja de esculturas en peana a distintas alturas, una obra de uno de los artistas más distinguidos de la galería de arte familiar, Beatriz Bálgoma".
"En el salón, apostamos por el color para infundir fuerza y alegría, convirtiendo este espacio en el foco principal de la casa. Aquí, los clientes pasarían la mayor parte del tiempo y deseaban sentir esa energía vibrante", cuenta María Marco Bálgoma. Para lograr su cometido, combinaron distintas piezas de autor, como la pareja de butacas del diseñador italiano Paolo Buffa de los años 50, la mesa de centro francesa de Maison Jansen de los años 80 o la lámpara de pie Stilnovo italiana de los años 50. Presidiendo el salón, una escultura de pared realizada en madera por el artista Josecho López Llorens, refleja puntualmente la luz de los ventanales, confiriendo profundidad y movimiento. "Detalles como los cojines enfatizan nuestro deseo por poner en valor la artesanía, ya que estos han sido bordados a mano en la India", añade la arquitecta.
En la cocina, la idea era huir de un diseño convencional. "Queríamos un ambiente acogedor e igualmente elegante, por lo que extendimos elementos comunes a toda la vivienda, como las cornisas y el papel pintado. Además, diseñamos los muebles de cocina con moldura perimetral y tiradores en latón, en armonía con el resto de la carpintería de la casa", expone la arquitecta. La pieza principal es el cerramiento de vidrio con perfilería de latón que separa la zona de trabajo del comedor, "dotándolo de privacidad en cuanto a ruidos y olores, pero permitiendo el paso de luz natural y manteniendo la coherencia estética".
"En el dormitorio principal, buscamos un equilibrio entre un espacio que representara calma, sin perder la originalidad o personalidad del resto de estancias", revela María Marco Bálgoma. Por ello, se apostó por continuar con la gama de tonos pastel y el aire romántico presente en zonas como el hall, en los delicados estampados de los textiles.
El cabecero se convirtió en el elemento central del dormitorio, con un gesto majestuoso en cuanto a altura y formas. "Fue diseñado por el estudio y fabricado a medida por nuestros artesanos. Para resaltarlo, enmarcamos en la pared central un papel de seda que contrasta y realza la silueta del cabecero. En cuanto al mobiliario, nos decantamos por piezas de diseño que rompieran con ese romanticismo, con materiales y diseños innovadores, como la mesa auxiliar creada por uno de los artistas de la galería familiar, llevando el arte a otra escala".
El diseño de la carpintería –elaborada íntegramente por el estudio– abordaba una línea clásica de cuarterones acorde a la vivienda, pero la implantación de estos frentes de armarios es muy actual, con puertas limpias de suelo a techo que enfatizan la altura del techo.
Para darle un toque de calidez y textura al vestidor, la carpintería se reemplazó por madera de nogal revestida con fibra natural en los frentes.
La buhardilla fue concebida como un espacio para los más pequeños de la familia. "Nuestro objetivo era crear un ambiente alegre y acogedor que respirara mucha personalidad, así que tuvimos claro que jugaríamos sin miedo con el color y los estampados". El papel pintado elegido para las paredes, estilo acuarela, fue el punto de partida. A partir de ahí, nació la gama cromática que después se extendió al resto de elementos, como la carpintería o las piezas de mobiliario. La madera también se encuentra muy presente en puntos alternos como el suelo, las vigas y las piezas de mobiliario (incluyéndolas de bambú), aportando calidez y equilibrio al espacio. Como broche de oro, se agregaron obras coloridas de arte contemporáneo, logrando una atmósfera vibrante.
La escalera de caracol, original de la vivienda, se restauró por el estudio respetando sus materiales. "Lijamos la barandilla para sacar el tono natural de la madera, y decapamos la pintura que tenían la barandilla y el suelo para resaltar el aspecto natural del hierro", indica la arquitecta.
"Se trata de un homenaje al arte en sus diferentes vertientes. El arte como hilo conductor que realza la artesanía de cualquier época y la autenticidad como símbolo de belleza", concluye María Marco Bálgoma.





























