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La reforma de esta vivienda, situada en un edificio de principios del siglo XX en el barrio de Salamanca, parte de una reinterpretación del lenguaje clásico desde una mirada contemporánea, sensible y contenida. "El proyecto responde al deseo de sus propietarios, una familia internacional vinculada al arte, de habitar una Europa contemporánea, donde la tradición se expresa desde la precisión, la sobriedad y una emoción silenciosa", explican las arquitectas de NUC Estudio, responsables del proyecto.
La arquitectura se concibe como una experiencia emocional que se adapta a la vida cotidiana. Las molduras tradicionales se reducen a su gesto esencial: en los techos, una escocia lisa define el encuentro con las paredes; en los paños verticales, una fosa perimetral rehundida recorre la vivienda, generando una línea continua de sombra que acompaña el espacio y acentúa su profundidad. "La atmósfera no se construye por acumulación, sino que se revela a través de la proporción, la luz y la materia", agregan las arquitectas. Sin embargo, el arte es el gran protagonista del proyecto. "Cada obra ha sido seleccionada o encargada específicamente para su ubicación, estableciendo una relación directa con la arquitectura y con las proporciones de cada estancia".
"Los balcones, tratados como una extensión natural del interior, incorporan vegetación viva y enmarcan la arquitectura vecina, introduciendo la herencia urbana del entorno dentro de la propia vivienda y reforzando el vínculo con la ciudad", indica NUC Estudio.
La zona social se articula como una secuencia fluida de ambientes, conectados de manera orgánica. "Frente a una compartimentación rígida o a un espacio completamente abierto, la vivienda propone una forma de habitar matizada y doméstica. Un gran mueble central de madera maciza, diseñado a medida, estructura el conjunto y actúa como núcleo de la vida doméstica y social de la vivienda. En él se integra una chimenea de doble cara que ordena el espacio y acompaña el movimiento al recorrer la casa, permitiendo que los distintos ambientes se activen de forma natural cuando la vivienda se abre a la reunión y a la vida compartida". También en esta área, un bar queda oculto tras una obra de gran formato que se desliza frente a una librería de roble.
La selección de materiales responde a una búsqueda consciente de autenticidad y permanencia. Madera maciza, mármoles naturales y tarima de roble configuran una paleta sobria y atemporal. Las superficies estucadas de paredes y techos aportan una textura continua que suaviza la luz y refuerza la sensación de unidad. Alfombras y textiles, siempre de fibras naturales, completan una atmósfera contenida y silenciosa.
La cocina, con isla central realizada en mármol, se viste de un verde sosegado. Tras unas puertas escamoteables, el mueble desayunador se convierte en un rincón que conjuga el arte con la funcionalidad.
La iluminación se concibe como un sistema regulable y envolvente, pensado para sostener una continuidad sensorial a lo largo de toda la vivienda. "La luz acompaña el recorrido sin fragmentar el espacio, permitiendo que la casa se perciba como un todo coherente".
Los baños, resueltos íntegramente en mármol, mantienen la misma coherencia material y potencian la continuidad del conjunto. En la suite principal, una bañera exenta de líneas minimalistas se ubica estratégicamente junto al balcón para recibir la máxima luz natural.
































