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¿Quién dijo que las viviendas de obra nueva no tienen encanto, personalidad y pueden ser acogedoras? Esta casa de una pareja, situada en la costa de Guipúzcoa y construida con materiales nobles, luz natural y formas suaves, nace del deseo de crear un hogar donde habitar el presente con calma y serenidad. La premisa principal, y el reto que tenía por delante Elixabete Arrizabalaga Lariz, arquitecta y fundadora del estudio HABBAT Arquitectura consciente, era cómo convertir una casa moderna de obra nueva en un espacio acogedor. La intervención ha sido completa en su interior, tanto a nivel espacial como material y sensorial.
El diseño se centró en los espacios de día —cocina, comedor, salón— y el dormitorio principal con baño en suite. La distribución del plano resalta con intención una arquitectura interior que conecta con lo esencial: buscaba el equilibrio y posibilitar el disfrute consciente del día a día.
"La propuesta parte de una selección muy concreta de materiales: piedra natural, madera y revestimientos continuos en tonos claros con texturas suaves. Estos se trabajan con sensibilidad para generar un diálogo armónico y cálido", explica Elixabete. La piedra, presente en encimeras, lavabos y superficies principales, se complementa con la madera natural empleada en revestimientos verticales, carpinterías y mobiliario a medida.
Uno de los recursos clave del proyecto es la suavidad de las formas. Las curvas, lejos de responder a una tendencia pasajera, se han utilizado con intención y medida, como recurso arquitectónico pensado para mejorar la circulación y la percepción espacial. No se han elegido al azar, sino en puntos estratégicos donde podían amplificar la sensación de apertura y continuidad. Las curvas guían el recorrido desde la entrada y se trasladan al revestimiento de madera del núcleo central, al tabique de acceso a la cocina —que se abre generosamente para ganar espacio y luz y facilitar la transición entre espacios—, a la isla de cocina diseñada en piedra, y a diversas piezas de mobiliario. Este gesto consigue una circulación amable, sin aristas visuales ni físicas, que contribuye al confort espacial y emocional.
La cocina de madera, luminosa y acogedora, ha sido diseñada completamente a medida en roble natural por un carpintero local, incorporando una isla central que actúa como pieza clave en la distribución del espacio. Con sus formas curvas, la isla no solo invita a la reunión y al encuentro cotidiano, sino que también facilita la fluidez de los recorridos hacia el exterior, integrándose de forma natural en el entorno. Las encimeras, realizadas en piedra natural de una cuarcita negra , introducen un contraste elegante que resalta con fuerza gracias a la abundante luz natural que baña la vivienda. Es una cocina pensada para ser vivida, donde funcionalidad, belleza y atmósfera se conjugan con armonía.
Otro de los pilares del proyecto es la iluminación, planteada desde una mirada técnica pero también atmosférica. Regulable en intensidad, la luz acompaña los distintos momentos del día sin invadirlos. Se han elegido luminarias colgantes escogidas con precisión para acompañar sin protagonizar. Algunas de las lámparas son de firmas reconocidas como la Atollo de Oluce, Lumiere de Foscarini, las Aims de Flos sobre el comedor o la mítica lámpara Disa de Coderch en el recibidor. El proyecto también incorpora piezas seleccionadas como un sofá modular de Flexform, las sillas de comedor de Artisan, banquetas de cocina de HAY, y otros elementos que suman en materialidad y coherencia estética.
"El diseño del mobiliario fue desarrollado íntegramente por el estudio, adaptándose milimétricamente a las necesidades y proporciones de la vivienda. Desde la cocina hasta los lavabos, pasando por librerías, mesas y la bancada que integra una chimenea decorativa en piedra, todo fue fabricado por talleres locales como la carpintería Zur Eder y Mármoles Aztiria a partir de nuestros diseños", comenta Elixabete, resaltando la importancia de la personalización de espacios.
El dormitorio principal se ha proyectado como un refugio íntimo y sereno, donde la continuidad material refuerza la calma del conjunto. Para aportar mayor confort acústico y térmico, el suelo se ha revestido con moqueta de lana natural. La madera de roble teñida en tono tabaco se traslada también a esta estancia, aplicada en los armarios a medida del vestidor, en el cabecero de cama, en las mesillas flotantes y en un aparador central coronado con sobre de piedra natural. Este juego de texturas y materiales nobles establece una atmósfera cálida, sofisticada y sensorial.
El baño en suite mantiene el mismo lenguaje sereno y armónico. Sobre una base neutra de pavimento cerámico y paredes de microcemento en tono gris claro, se introduce una combinación de materiales nobles: el mueble lavamanos, diseñado a medida, presenta una encimera de piedra natural con lavabos de porcelana blanca. El conjunto se completa con una bañera exenta y el uso de cortinas textiles como separadores, que aportan flexibilidad, suavidad visual y la posibilidad de transformar el espacio según el momento. Una solución elegante y envolvente, donde la piedra y la madera equilibran la serenidad del gris con carácter y calidez.
Al igual que en la zona del baño, el resto de la suite también se ha articulado sin tabiques, utilizando cortinas textiles como separaciones entre el dormitorio, el vestidor y la zona de baño. Este recurso, más cálido y flexible que los cerramientos tradicionales, permite adaptar los espacios a diferentes momentos del día, generando una experiencia espacial continua, serena y envolvente.
En definitiva, esta vivienda consigue transmitir un ritmo pausado, una sensación de hogar diseñado con el cuerpo y los sentidos en mente. Cada rincón está pensado para ser vivido, transitado y disfrutado en calma. Un proyecto donde la arquitectura de interiores se pone al servicio del bienestar, la luz y la tranquilidad.





























