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El estilo ecléctico que caracteriza los proyectos del interiorista donostiarra son el resultado de su vida nómada: "Viví una época en Nueva York, también en Londres, y actualmente mi vida transcurre entre San Sebastián, donde nací, Berlín y Marrakech, lo que me permite formar parte de otras culturas y conocer el arte o la arquitectura que las envuelve". Y luego está Barcelona…, a donde siempre vuelve. Porque con esta preciosa ciudad, Mikel Irastorza ha mantenido un gran vínculo emocional desde los 16 años: "La arquitectura de Barcelona y sus edificios, calles, plazas, museos…, y esas tiendas de diseño, como la mítica Vinçon, han sido siempre un referente que me inspira". Así que tener una segunda residencia aquí era un objetivo en lo profesional y personal. Su piso en la Ciudad Condal se localiza en un edificio detrás del Gran Teatro del Liceo, en la Plaza de San Agustín. Con una arquitectura decimonónica, Mikel le dio una nueva vida gracias a una reforma y un proyecto de interiorismo sobresaliente que muestra optimismo a través del color y nos enseña una lección sobre cómo mezclar estilos con muebles retro y vintage, diseños contemporáneos y arte. Mucho arte.
"Cuando la adquirí, sus espacios estaban muy deteriorados, ya que habían sufrido reformas muy desafortunadas, con una división imposible que integraba hasta 7 habitaciones para acoger a estudiantes. Aun así, sabía que la casa tenía potencial y escondía su espíritu original de finales del s.XIX". Se recuperaron suelos hidráulicos, que pudieron reubicaren nuevas estancias, y restauraron las molduras de yeso en techos y paredes. Además, reinventaron la distribución, con un concepto más diáfano en las zonas sociales para mejorar la luminosidad y ganar amplitud. Tras la obra, que duró seis meses, consiguió un fondo de escenario con personalidad que requería una decoración al mismo nivel: "Creo que su estilo ecléctico, un tanto maximalista, habla de mí y de mi momento personal que vivo ahora, en busca de color y de positivismo. En sus estancias hay tesoros que han venido siempre conmigo, pero casi todo lo que podemos ver son piezas vintage, muebles actuales y antigüedades que he recopilado para el piso en tiendas, almonedas y mercados. Incluso hay una mesa cerámica china que encontré en la milla de antigüedades de Berlín, Suarezstraße".
Irastorza nos lo deja claro: "Para lograr una casa con un halo especial no se requiere invertir grandes cantidades; solo guiarse por la buena intuición para combinar". Y luego estarían los cuadros colgados en las paredes, que sin duda marcan el alma de una casa. Además, se podría decir que algunas de estas obras de arte, como el cuadro abstracto de Nora Pilarte sobre el aparador vintage del salón, o la réplica del gran mural de Le Corbusier en el Pabellón suizo de París (1931-1935), determinaron de alguna manera toda la paleta cromática de esta casa que habla, sencillamente, del interiorista.























