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En plena calle Hermosilla, el estudio de arquitectura de Mónica Diago ha reinterpretado para la promotora Lumier una de esas viviendas clásicas del barrio de Salamanca que parecían condenadas a repetir una y otra vez el mismo esquema de distribución. El resultado es un proyecto que honra la arquitectura original sin quedar atrapado en ella: recupera la altura, las molduras y la simetría, pero los pone al servicio de una forma de habitar más actual, más abierta y, sobre todo, más luminosa.
La clave del proyecto está en la organización de las zonas comunes. Cocina, comedor y salón se encadenan visualmente, pero sin perder su carácter propio. No se trata de un espacio único indiferenciado, sino de tres ambientes que se relacionan a través de elementos arquitectónicos diseñados a medida.
La cocina ocupa un lugar protagonista. Resuelta por completo con carpintería a medida, se integra en el espacio social mediante grandes volúmenes de madera natural y una isla central con encimera de piedra natural y base de palillería. Llama la atención la esquina curva, que sirve como barra de desayunos, junto con unos alegres taburetes con tapizado geométrico que combina tres colores: mostaza, blanco y negro.
En el salón, Mónica Diago ha trabajado sobre la memoria del espacio, recuperando las molduras, devolviendo la altura y respetando la simetría original. Sobre esta base clásica, ha introducido un mobiliario de líneas suaves y orgánicas que agregan calidez. Las estanterías y elementos fijos actúan como telón de fondo, añadiendo profundidad y creando un equilibrio visual entre lo histórico y lo contemporáneo. La paleta cromática, muy contenida, refuerza una atmósfera serena y atemporal.
El comedor se sitúa en eje con los huecos de fachada, aprovechando al máximo la luz natural que entra desde la calle. La disposición del mobiliario y las luminarias suspendidas subrayan la geometría del espacio y generan una atmósfera elegante pero accesible, pensada tanto para el uso cotidiano como para los momentos de reunión.
En la zona de noche, el proyecto adopta un tono más íntimo sin perder la coherencia con el resto de la vivienda. El dormitorio principal se plantea como un espacio sereno, con cabeceros y piezas diseñadas a medida que mantienen la continuidad visual con las zonas comunes.
Parte del baño se integra en el dormitorio, en un mueble de corte clásico con dos lavabos y dos espejos colocados de forma simétrica.
Los cabeceros de las camas siguen diseños clásicos, con formas curvas y en pico, tapizados con tejidos selectos y ribeteados.
Los baños introducen un punto más expresivo: mármoles veteados, papeles pintados y griferías en acabados cálidos añaden una dosis de personalidad, siempre desde un lenguaje equilibrado y sofisticado.
























