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Solo un piso pequeño de 39 metros cuadrados y la felicidad de disfrutar de la vida en la ciudad. Este podría ser el resumen de este proyecto diseñado por Marina Alekseeva para una pareja que hizo de las breves escapadas a la vida cultural de la ciudad un motivo para quedarse. "Con el tiempo, el trabajo empezó a exigir una presencia regular y fue entonces cuando surgió la idea de tener un lugar propio pequeño, pero real, un hogar", explica la diseñadora. "Pasaron mucho tiempo eligiendo edificio y finalmente se decidieron por uno de arquitectura clara. Formas simples, geometría precisa, zonas comunes inundadas de luz, acabados contemporáneos, sensación de calma y orden que también querían trasladar al interior del apartamento".
El espacio debía acoger un recibidor cómodo, suficiente almacenamiento, una cocina funcional, un dormitorio y una zona de estar compartida. La primera y principal petición era que fuera un interior con "incluso un ligero ascetismo, pero sin sensación de vacío ni frialdad. Buscaban una calidez natural y muy contenida", también una presencia sutil de arte contemporáneo. "Me conmovió profundamente su actitud hacia la ciudad no consumista. Hablaban de lo mucho que habían buscado este lugar concreto, de la importancia que para ellos tenían la calidad de la arquitectura y de los materiales, y traté de que el interior se convirtiera en una prolongación lógica de esos valores".
El principal reto, por supuesto, fue el tamaño, "cada centímetro contaba". La solución pasó por una reconfiguración de la distribución, de forma que el dormitorio queda oculto a la vista directa desde la entrada, con la puerta camuflada, lo que permitió ganar espacio de almacenamiento. Este espacio se convirtió en el lugar más silencioso del apartamento. Se eligieron paneles murales planos revestidos con papel textil para aislar acústicamente. El mobiliario se realizó a medida, con una veta de madera muy marcada y el cabecero está tapizado en lino texturizado. Los armarios del recibidor se transformaron en un panel mural acabado con listones de madera, motivo que continuó en el techo y en el frente de la cocina, conectando visualmente las distintas zonas. La puerta del dormitorio, camuflada, se diluye en el plano de la pared.
La cocina se concibió como una herramienta de trabajo plenamente funcional. Tras el frontal minimalista se oculta casi todo el equipamiento, mientras que los azulejos de mosaico del salpicadero, que imitan listones de madera, "dialogan con el recibidor y generan la sensación de un recorrido interior cuidadosamente pensado", añade la diseñadora. En el baño, de dimensiones reducidas, era importante romper la percepción de límites rígidos. "Los revestimientos con efecto vidrio, en un tono profundo y casi acuático, reflejan la luz y hacen que las paredes se perciban visualmente más fluidas. La iluminación lineal empotrada refuerza este efecto, mientras que todos los elementos utilitarios como lavadora, productos de aseo o accesorios, quedan ocultos en nichos y muebles a medida".
En el salón, por su parte, las ventanas se han mantenido intencionadamente ligeras para dejar entrar la mayor cantidad posible de luz natural. El color de la pared tras el sofá, un tono azulado violáceo y apagado, "está inspirado en la luz de las noches blancas parece invitar al cielo a entrar en la estancia, haciéndola más aérea y espaciosa". El mobiliario es de formas limpias, pero el arte desempeña aquí un papel especial. "Una pieza escultórica que captura el movimiento del agua y una pintura en la que la superficie del lienzo se convierte en metáfora de un viaje interior marcan el tono de todo el espacio".
Más información: @marina_a_alexeeva






















