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Bajo el techo de esta casa centenaria en Ruzafa, Valencia, los suelos de mosaico hidráulico llevaban años sin recibir pasos, y las molduras y los elementos constructivos, propios de ese estilo clásico y romántico que antaño dotaba de un encanto único a las viviendas más selectas, no contaban con más admiradores que las motas de polvo que por allí transitaban. Adrián Pérez Cócera, al frente del proyecto de arquitectura y diseño, supo desde el primer momento en que visitó el inmueble cuál era su cometido: devolverle su esplendor.
Para lograrlo, inició un proceso de rehabilitación en el que se recuperaron los suelos originales y las molduras, y se restauraron las carpinterías. Cada elemento histórico se convirtió en el hilo conductor del proyecto. Y sobre esa base, el estudio introdujo un interiorismo minimalista que se mezcla con detalles artísticos y con el trabajo lumínico de Ángel Lloret Melis, proyectista de iluminación.
La luz natural ha sido uno de los principales recursos para definir la atmósfera de la vivienda. Las ventanas originales, restauradas, permiten que la luz inunde los espacios, creando una sensación de amplitud y ligereza. En las zonas menos expuestas a la luz exterior, el patio actúa como una fuente adicional de claridad, asegurando que incluso las áreas más internas se mantengan bien iluminadas a lo largo del día.
Para complementar la luz natural, se ha optado por una iluminación indirecta que se integra en cornisas y molduras, generando un ambiente suave y acogedor que resalta las texturas y las formas sin crear contrastes bruscos.
La paleta cromática ha sido cuidadosamente seleccionada para no restar protagonismo a los elementos históricos. Los tonos neutros, combinados con la calidez de los materiales recuperados, como el suelo de madera original, generan un ambiente sereno y equilibrado que permite que las texturas hablen por sí mismas. Las estanterías y bancadas de obra se han diseñado con líneas simples y acabados que se integran perfectamente en las paredes, optimizando el espacio sin sobrecargarlo visualmente.
El uso de la iluminación indirecta, tanto en el baño como en el resto de la vivienda, añade una dimensión adicional a la percepción del espacio, permitiendo que las sombras suaves resalten las texturas y las formas de manera discreta. De este modo, la luz se convierte en un elemento arquitectónico que contribuye a la cohesión del diseño y acentúa la relación entre los elementos contemporáneos y los históricos.
Uno de los elementos más significativos en términos de diseño es la bañera de obra, que ha sido realizada en el mismo material que el suelo para garantizar una continuidad visual y una sensación de fluidez.
Este recurso permite que el baño se perciba como una extensión natural del resto de la vivienda, un espacio de relajación donde la forma y la función se equilibran.
En conjunto, el proyecto ha sido concebido para respetar y potenciar el valor del edificio original, integrando soluciones contemporáneas de manera sutil y funcional. El resultado es una vivienda que mantiene su carácter histórico, pero que a la vez se adapta a las necesidades actuales, ofreciendo espacios luminosos, acogedores y coherentes, donde lo nuevo y lo antiguo se funden en una experiencia espacial unificada.
Más información: Adrián Pérez Cocera.




















