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Cuando Silvia Trigueros recibió la llamada de este cliente con quien ya había trabajado antes, la expectativa era máxima, pues se trataba de un amplio ático en el barrio madrileño de Chamberí. Sin embargo, la primera visita desmontó cualquier ilusión inicial. "Pese a que era una construcción relativamente nueva, la casa se encontraba en unas condiciones pésimas", reconoce la interiorista. La terraza, que debería haber sido el gran activo de la vivienda, había sido cerrada por completo con cristales, transformándose en un invernadero donde el calor resultaba insoportable. Incluso habían instalado aire acondicionado para hacerla habitable. A semejante panorama se sumaba el suelo de exterior, barnizado años atrás y totalmente deteriorado. La solución pasaba por desmontar ese cerramiento completo y recuperar el uso original de la terraza.
"Lo primero que decidimos fue devolver a la terraza su carácter de espacio exterior, muy amplio y con una orientación perfecta", explica Silvia Trigueros. Para ello, restauraron el suelo y las piedras de la fachada, actualizaron la iluminación, y, por último, el espacio cobró vida gracias al paisajismo de Peonía Jardines y al mobiliario, que permite tanto reuniones con amigos como tomar el sol en la intimidad.
El interior no estaba en mejores condiciones. Los materiales lucían deteriorados, la iluminación obsoleta, y apenas se podía mantener la distribución original. Silvia Trigueros y su equipo empezaron por instalar un suelo de roble natural –Timbert Art– que devolviera la calidez al conjunto, y demolieron baños y cocina para renovarlos desde cero.
La cocina supuso el mayor desafío técnico. El espacio era reducido y no existía forma de ampliarlo. "Tuvimos que hacer magia para conseguir que el espacio resultara funcional y cálido. Probablemente, es uno de los espacios de los que más orgullosa me siento", declara la interiorista.
Los baños, antes oscuros y anticuados, se transformaron en estancias luminosas y muy actuales. Un claro ejemplo es el aseo de invitados, decorado con un papel pintado en tono neutro con motivos botánicos, un lavabo suspendido con frente de palillería y un gran espejo redondo.
Construir desde la memoria
Uno de los retos más importantes para Silvia Trigueros fue lograr que los propietarios se sintieran identificados con la casa, como si siempre hubiera sido su hogar. Para ello, recuperó muebles que había diseñado años atrás para otra vivienda de los mismos clientes, así como piezas antiguas que ya conocía y que fueron restauradas para darles frescura y luminosidad. La paleta de azules, verdes y ocres conecta directamente con el exterior, el auténtico protagonista de la vivienda. A nivel arquitectónico, la intervención fue sutil. Molduras sencillas –Orac Decor– enmarcan los espacios sin recargarlos, manteniendo el carácter moderno de este edificio de apenas 15 años de antigüedad.
El comedor recupera piezas con historia. La sillería antigua de los clientes fue retapizada por Rabadán. El cuadro de trazos abstractos a tono con la decoración que preside el espacio es obra de Iratxe Arteta. Sobre el aparador, una escultura en hierro lacado de Maite Carranza –Galería El Ovrador– convive con jarrones y centros de cristal.
El dormitorio principal mantiene la paleta cromática de toda la vivienda. Lo preside la cama con cabecero de Rabadán Deco. El tapizado con textura en un color neutro se extiende al papel pintado de la firma Arte que decora la pared, enmarcado sutilmente por unas finas molduras. A ambos lados de la cama, destacan las lámparas de mesa de Judith San Quintín, cuyas pantallas tejidas brindan un toque de color intenso.
En el baño en suite, el porcelánico del Grupo Iris se extiende hasta la ducha de obra, generando amplitud y continuidad visual.
Proyecto: Silvia Trigueros. Estilismo: Cristina Rodríguez Goitia.

























