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"Todo empezó con un mensaje de WhatsApp. Una mujer muy educada, que compartía conmigo el mismo nombre —algo poco habitual en mi generación—, me escribió. Lo tomé inmediatamente como una señal", así recuerda Aisha Adilshiyeva de IDA Design Mates Studio el origen de este proyecto residencial de 120 metros cuadrados, concebido para una familia joven con dos hijos. Un inicio casi anecdótico que, sin embargo, anticipa el tono del encargo y la manera de abordarlo con una relación muy fluida con la clienta.
La propietaria buscaba un interior calmado, relativamente conservador, con referencias al lenguaje clásico pero sin caer en una estética pesada ni excesivamente ornamental. Un equilibrio que debía convivir con condicionantes muy concretos, como la integración de una despensa, la presencia de piezas ya adquiridas —una cama clásica para el dormitorio principal y una cama de IKEA para la habitación del niño— o un sofá de Roche Bobois elegido por su comodidad antes incluso de arrancar el proyecto. "Así, prácticamente desde el inicio, conocíamos las piezas clave de casi todas las estancias", explican.
No todo fue inmediato. La primera propuesta presentada por el estudio no fue aprobada. "Nos dejamos llevar un poco por nuestro propio estilo. Se buscaba un interior tranquilo y algo conservador". La clienta pidió suavizar el conjunto y reducir los elementos más fantasiosos. En apenas una semana, el proyecto se reformuló por completo.
Uno de los grandes retos técnicos del apartamento fue una columna portante situada en el centro del vestíbulo, que acabó determinando toda la distribución. Pero en lugar de ocultarla, el estudio decidió convertirla en un eje organizador, planteando una circulación circular a su alrededor y generando, de forma poco habitual, un nicho para libros en el recibidor. Revestida en chapa de madera, la columna se transforma además en soporte para una pintura de un artista kazajo, subrayando el diálogo constante entre arquitectura e identidad cultural.
Ese diálogo se extiende a todo el proyecto. La inspiración procede tanto del contexto urbano de Almaty como de la arquitectura del edificio, pero también del trabajo de artesanos locales y de artistas kazajos. La paleta cromática se articula a partir de tonos naturales, cálidos y relajantes, mientras que los revestimientos murales alternan papeles pintados de firmas históricas como Sanderson, Morris & Co o Thibaut con otros más sencillos, impresos a partir de imágenes de archivo. Ese juego de contrastes es una constante en la vivienda, donde conviven mármoles de gran presencia con sillas vintage recuperadas y restauradas, o molduras de yeso con luminarias de carácter marcadamente contemporáneo.
La artesanía tiene un peso específico en el proyecto. Los frentes de cómodas y armarios fueron tallados a mano por carpinteros locales, y se observa una cuidada selección de mobiliario y firmas, entre las que destacan Roche Bobois y Caracole, junto a iluminación de Aromas del Campo y Forestier, sanitarios de Villeroy & Boch y Grohe, y herrajes y accesorios de Anthropologie.
La cocina se convierte en el verdadero corazón simbólico del apartamento gracias a un mosaico monumental que ocupa uno de sus paramentos. Desde el inicio, el estudio tenía claro que este elemento debía estar presente, aunque el motivo fue objeto de largas reflexiones. La solución llegó casi por azar, cuando tanto la clienta como una de las diseñadoras enviaron el mismo día una imagen del mosaico Muchacha con un recuerdo, obra de Moldakhmet Kenbaev y Nikolai Tsivchinsky, situada en el monte Koktobe. A partir de ahí se seleccionaron fragmentos de la composición original, dando lugar a una escena protagonizada por una joven con traje tradicional que sostiene un amuleto. La lámpara suspendida sobre la isla, cuya forma evoca ese mismo amuleto, refuerza el conjunto de manera casi accidental, fruto de una coincidencia afortunada.
Las habitaciones infantiles cierran el recorrido con un enfoque especialmente sensible. Son estancias pequeñas, pero pensadas para ser acogedoras y funcionales. La habitación de la niña materializa sueños de infancia no cumplidos por la propia clienta, con un rincón de lectura, un sillón, una lámpara de pie, un espejo y colgadores a escala infantil. El dormitorio del niño adopta un tono más sobrio y se completa con una pintura entrañable que representa a la abuela de la familia paseando en bicicleta a sus nietos.
Más información: @idadesignmates

































