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Los clientes, una familia numerosa, buscaban un hogar, ante todo, funcional. Con este objetivo en mente, los arquitectos y fundadores del estudio Egue y Seta proyectaron cuatro habitaciones idénticas de simetría refleja, distribuidas en dos plantas, cuya decoración abordaron bajo un enfoque atemporal: "En vez de apuntar a una residencia mastodóntica de las que, por fuera, parece un hospital pequeño o un fortín sin foso ni almenas o de proyectar un edificio, con tantos cuartos de baño, cocinas y piscinas como los de un camping, aunque vivan tres", apuntan desde el estudio.
La clave era "recuperar las proporciones y un programa estrechamente vinculados con el tamaño de la familia o el número de habitantes", argumentan desde EguE y Seta, además de concebir "un único espacio a doble altura de cocina, salón y comedor con despacho".
Para ello, acordaron criterios únicos y coherentes tanto para los revestimientos como para los aparatos sanitarios y las griferías. "Hicimos el mismo ejercicio con el diseño y el estilo de las carpinterías, las puertas y los herrajes; y lo mismo sucedió con la iluminación técnica y los mecanismos eléctricos; con el mobiliario hecho a medida y el empotrado, e incluso con las tapicerías. Todo ello sin dejar de lado algunas piezas singulares y algunos acentos decorativos que, en cada estancia y desde su rincón, aportan un carácter particular y hacen un guiño a los gustos personales y a la historia íntima de los clientes", argumentan.
La selección final de texturas, formas y colores, se limita y se concentra para reforzar la unidad estilística de la casa y la personalidad de los que viven. Una única veta y un único tono de madera de nogal cierra los frontales de los armarios de vestíbulo y cocina, pero sirve también para dar calidez a la mesa del comedor, los escritorios y las zonas de trabajo, los cabeceros de cama, los muebles de baño de la suite y del aseo cortesía. En su versión estriada, reviste los vestíbulos entre las habitaciones, da protagonismo a la pared en doble altura del salón y crea una celosía que cierra parcialmente la caja de escalera, que acaba de completar su barandilla a partir de paños de cristal.
El microcemento gris de los suelos, por su parte, es apenas más claro que el de los mármoles estriados elegidos para revestir los cuartos de baño, el de la isla de la cocina o su salpicadero.
Las fibras naturales de mimbre aparecen en la habitación suite, dejando pasar la luz natural hacia el vestidor y la ducha del baño, oponiendo su aspereza a la suavidad del terciopelo verde del cabecero.
Los blancos cálidos recubren el resto de paredes y se confunden con los linos traslúcidos de las cortinas, el bouclé de los sofás y las butacas auxiliares, así como con las pantallas de las lámparas decorativas, que se ven en conjunto salpicadas por las carpinterías, los herrajes, los mecanismos, los aparatos de iluminación técnica y las griferías, acabados todos en el mismo tono negro mate que hace juego con algunas piezas de mobiliario muy concretas, que sirven a su vez de almacenamiento auxiliar en el vestíbulo y el salón, dividen en dos mitades los armarios de los vestidores y sirven de trasera para las pantallas de TV.
"Para resumir, creemos que muestra, con humildad y sin golpes sobre la mesa, que puede haber mucha elegancia en la contención o que hay un lujo menos reluciente y aerodinámico que aún puede proyectarse desde una inteligencia poco artificial", concluyen Egue y Seta.


























