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Tesoros culturales como el Museo Lázaro Galdiano o el Museo Arqueológico Nacional, tiendas de alta costura, joyerías exclusivas, restaurantes de lujo... La calle Serrano es la protagonista indiscutible de la llamada Milla de Oro madrileña, así que, ¿quién no suspiraría por vivir en semejante entorno? Los protagonistas de nuestra historia –una familia con tres hijos ya mayores– fueron más allá, haciendo realidad su fantasía: "Los clientes estaban enamorados de esta zona y les parecía importante dar con un edificio emblemático con techos altos y un elegante portal. Cuando vieron este, no se lo pensaron", explica Silvia Trigueros, interiorista y responsable del proyecto de reforma integral e interiorismo.
"Les encantó la luz que tenía la vivienda, que cuenta con dos grandes patios de luz, además de las estancias a fachada y terraza". Sin embargo, como en toda historia de flechazo inmobiliario, había un hándicap: "Cuando visitamos la vivienda por primera vez, los clientes nos dijeron que no querían pasillos, y además, deseaban que la luz fluyera entre los distintos patios, inundando toda la casa", indica la interiorista. El problema es que la vivienda no tenía uno, sino dos pasillos largos.
¿La solución? Ubicar la cocina en el encuentro de ambos pasillos y crear un cerramiento de paneles correderos en vidrio. Un gesto arquitectónico que permitiría el paso de la luz y diluiría la sensación de corredores a ambos lados.
"De entrada, se hizo una demolición completa para despejar cualquier duda sobre las estructuras e instalaciones que podían condicionar la nueva distribución", expone Silvia Trigueros.
Desde el inicio, la propuesta fue potenciar el carácter clásico del edificio en el proyecto arquitectónico, pero equilibrar ese clasicismo con mobiliario de corte contemporáneo más ligero. La interiorista define el estilo como "elegante y atemporal, una mezcla entre clásico y contemporáneo". De este modo, destacan piezas como el sofá curvo con tapizado bouclé en blanco (Antonio García Tapiceros), la mesa de comedor escultórica con sobre ovalado, el precioso mural que ilustra un paisaje y que viste la pared del cabecero en el dormitorio principal (Carol Moreno), o la imponente mesa de mármol negro como escritorio.
Otro de los mayores desafíos fue conseguir un baño privado para cada una de las habitaciones. Con tres hijos mayores que requerían sus propios dormitorios completos, el programa de necesidades resultaba extenso, y los metros, ajustados. "No nos asustan los retos, por lo que disfrutamos ese arduo proceso de pelear con los planos hasta encajar la distribución perfecta", confiesa Silvia Trigueros. "Sabíamos que de una forma u otra daríamos con la solución adecuada", agrega.
Tal y como declara orgullosa la interiorista, los propietarios disfrutan especialmente de la cocina y el salón, pero también del despacho, donde trabajan casi a diario. "En realidad, se utiliza todo, y eso es una gran satisfacción para nosotras, las casas son para vivirlas", concluyen Silvia Trigueros y su equipo. Un espacio que rezuma buen gusto, donde la luz fluye libre entre los patios, y donde los largos pasillos se han visto transformados gracias a los paneles correderos de vidrio.
Proyecto: Silvia Trigueros. Estilismo: Cristina Rodríguez Goitia.
























