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En pleno barrio madrileño de Justicia de Madrid se encuentra este piso de techos altos con balcones que responden a la elegante arquitectura de la zona. La arquitecta e interiorista Alejandra Heredia Zaldo, de Gomeira Studio, se ha encargado de su diseño. El objetivo era crear un hogar luminoso, elegante y acogedor, donde lo contemporáneo se entrelazara con lo clásico. "Buscamos realzar la arquitectura original del piso, respetando su esencia madrileña y, al mismo tiempo, actualizarla con una estética sofisticada y cálida", explica.
La luz aquí lo es todo. Entra generosa por los ventanales y se multiplica gracias a una paleta de blancos cálidos y beiges en paredes y textiles. Otro de los elementos clave del interiorismo es el suelo de madera, que agrega textura y tradición y remarca la elegancia innata del inmueble. Junto a él, las molduras de corte clásico recorren los techos. La paleta de colores se construye sobre una base de blancos cálidos, beiges y maderas naturales, con acentos en verde oliva y terracotas florales que aportan frescura y dinamismo. El estilo combina lo contemporáneo con guiños clásicos –como el suelo en espiga y las proporciones arquitectónicas– para lograr un equilibrio atemporal y acogedor.
Nada más entrar a la vivienda, nos recibe un aparador de madera de aires mid-century, con libros y otros elementos decorativos. En el comedor, lo primero que llama la atención es la mesa: ovalada, de madera y con una base escultórica. Alrededor, unas sillas tapizadas en verde oliva con estructura metálica negra combinan con los tonos del cuadro que viste la pared. "Buscábamos un contraste sutil y sofisticado que aportara carácter sin romper la armonía", dice Alejandra. Encima de la mesa, cuelga una lámpara de líneas minimalistas con pantallas blancas cilíndricas que refuerza la verticalidad del espacio sin competir con ningún otro elemento. A los lados, el toque maestro: dos jarrones cerámicos con ramas frescas sobre pedestales oscuros enmarcan la escena con simetría y un punto de frescura vegetal.
El salón queda conectado al comedor a través de una apertura amplia que mantiene la conexión visual entre ambos ambientes. Aquí el mobiliario cambia de registro, compuesto por un sillón beige con líneas curvas, mesas de centro circulares que combinan mármol y madera, y dos sofás tapizados en blanco. "Queríamos un espacio para la conversación, para el descanso", indica la arquitecta. Los detalles decorativos también suman. Libros de moda apilados, cerámicas blancas, una alfombra de textura suave que aporta calidez... Un toque botánico, presente en la planta alta junto al ventanal, refuerza la conexión con la naturaleza y la serenidad del conjunto.
En la zona de noche, el dormitorio se articula en una gama de tonos beige con sutiles acentos verdes, concibiendo un ambiente neutro y muy sosegado donde las texturas y los patrones florales toman el control.























