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Con una ubicación inmejorable –Zarautz, ese pueblo costero de Guipúzcoa conocido por su playa, el ambiente surfista y una gastronomía de primera–, este piso de obra nueva precisaba un interiorismo cálido y acorde a las necesidades de sus propietarios: una pareja de mediana edad, sin hijos, que acababa de adquirir el inmueble como segunda residencia para disfrutar de las vacaciones. ''El objetivo principal era crear un ambiente acogedor, confortable y cálido para los días de descanso y las temporadas de desconexión. Intentando mantener la amplitud de cada estancia, amueblando sin recargar y colocando las piezas necesarias para que cumpliera la función de una segunda vivienda'', explica la interiorista Natalia Marchal, encargada del proyecto.
El piso tiene unos 100 metros cuadrados útiles distribuidos en un pequeño recibidor, dos dormitorios, dos baños, cocina abierta al salón y una terraza amplia. Al ser obra nueva, la distribución ya venía bien resuelta, así que Natalia Marchal centró todo su trabajo en el amueblamiento y la decoración: ''No modificamos los espacios''.
Para el interiorismo, se optó por ''un estilo actual, pero no moderno''. La intención era mantener la pintura de origen, así que la madera natural de roble se convirtió en la perfecta aliada para aportar un contraste suave.
''Elegimos colores neutros centrados en los crudos y arenas, y colores rebajados que fuimos colocando en las distintas estancias para mantener conexión entre ellos y que cada una tuviera su propio estilo'', detalla la interiorista.
La cocina y el salón, como punto de encuentro, se trabajaron desde los neutros con puntos en color para los detalles, manteniendo la armonía del resto de la vivienda con tonos azules, crudos y camel.
En el dormitorio principal, Natalia Marchal decidió convertir el cabecero en el protagonista absoluto a través de un elegante tapizado con estampado floral. De un modo sutil, partiendo siempre de un fondo de color arena, la pieza contrasta con el papel pintado de espiga fina que viste las paredes. A ello se suman las pinceladas verdes en los textiles de la cama y los pies de las lámparas de mesa. Al frente, un armario de pared a pared y suelo a techo en color arena, ofrece el máximo almacenaje para cumplir con creces las necesidades de una segunda residencia.
En el dormitorio de invitados se colocaron dos camas individuales juntas para dar mayor juego de uso. En este caso, se eligió un papel más decorativo a tonos azules y con motivos botánicos como foco de atención, añadiendo el resto de mobiliario en materiales neutros, como la madera natural y el mimbre de los cabeceros en pico.
Los baños ya venían de obra con muebles en color beige, así que se añadieron toallas al tono y accesorios que mantuviesen la armonía.
Para concluir, preguntamos a la interiorista cuál fue el mayor reto del proyecto: ''Partiendo de unos clientes que no querían recargar los espacios, el reto fue aportar a la vivienda la calidez necesaria con piezas funcionales. El resto se trabajó desde la combinación de los tejidos y los papeles de pared que dan ese toque personal único de cada cliente''.
Proyecto: Natalia Marchal.

























