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Residir en el corazón de Madrid, pero bajo el guión de una vida con las excelencias del campo: espacios inundados de luz natural y rodeados de naturaleza. Una tentación en medio de la “jungla urbana” a la que cayeron rendidos sus nuevos propietarios, un matrimonio y su encantadora mascota. Los ventanales, que mostraban sin tapujos las tupidas copas de los árboles, eran lo mejor de la casa. Se hicieron con ella... Y entonces confiaron, sin dudarlo, en el estudio de la interiorista Mónica Bustamante para llevar a cabo la reforma integral que requería el espacio y el diseño de interiorismo con el que soñaban.
Profesional y propietarios coincidían en estilo y en atención por los detalles. Era ella la indicada para dar a esta casa el aire que necesitaba después de llevar más de 60 años sin “retoques” de ningún tipo. El resultado fue impecable, extraordinario. Porque Mónica Bustamante deja en este proyecto su sello más personal, el que reza un clásico elegante, refinado, sereno, contenido, sin estridencias, al mismo tiempo que revela los gustos, necesidades y deseos de los propietarios, quienes participaron vivamente en la obra: "Quisimos hacer un traje de sastre, totalmente a medida, que se ajustara como un guante a sus habitantes. No hubo prisas, sino más bien muchas horas y horas de replantearse cada cuestión, cuidando con mimo cada material, cada remate, cada historia, buscando la unión de los gremios y contando siempre con la participación y opinión de los inquilinos, que además trajeron al proyecto muchas piezas que son parte de su vida", nos explica la interiorista.
De la nueva distribución y los acabados, nos entusiasma todo. La zona de día y la de noche. Los suelos, los techos y las paredes. Se diseñó una caja bien rematada donde cada trabajo realizado habla por sí solo: desde el recibidor, un espacio interior convertido en una galería de luz gracias a la nueva cristalera que da al salón; pasando al encantador distribuidor hexagonal con puertas invisibles, por la biblioteca renovada en azul o por el bar-coctelería; y hasta los pavimentos, de roble mate o de despieces de piedra de Campaspero, y las finas molduras de las paredes. Y luego, estarían los papeles pintados y los muebles, que merecen mención aparte. Los primeros, junto con las telas, que llevan un toque romántico a su paso por cada estancia; y los segundos, mostrando una dosis de alta decoración.
Algunas piezas están hechas ad hoc y se debaten entre lo clásico y lo que es tendencia, mientras que otras contienen un valor especial ya que, como decíamos, han sido aportadas por los dueños. Muebles, antigüedades y arte que en cierto modo marcaron la trama del proyecto: "Las piezas que trajeron los clientes nos ayudaron a dar continuidad a sus vidas y a hacer propia su casa desde el principio", nos explica la interiorista, que busca siempre, a través de los colores y el diseño, contar el relato de quienes van a vivir los espacios que ella reinventa. Y en esta ocasión, el argumento espacial se ajustó como un guante a sus nuevos inquilinos.






























