La luz del norte, uniforme, brillante, con querencia al gris, y el clima templado, fresco a veces, de Cantabria, imprimen carácter y determinan un modo de vida suave, que invita a la paz y a bajar las revoluciones del día a día. Por eso, la casa que atesoraba Mercedes Díaz de Rábago, estilista de Nuevo Estilo y decoradora, era un sueño mil veces soñado que se acaba de hacer realidad. "Ésta era la casa de guardeses de una finca mayor, pero que a mí siempre me llamó la atención. Se construyó en 1853 y, pese a tener que hacer borrón y cuenta nueva, en 2024 decidí restaurarla para convertirla en un refugio familiar que conservara el alma del norte", cuenta Mercedes.
De la obra, que transformó unos 180 metros cuadrados por planta organizada en tres alturas, se encargó Chucho de Cospedal, especializado en rehabilitaciones de casas de cierta edad. La planta baja, antaño la cuadra, se transformó en zonas de estar, salón y comedor. La vieja leñera, también en planta baja, acoge hoy la cocina. La planta superior alberga una galería acristalada, muy al estilo de las casonas cántabras, y los dormitorios y zonas privadas y de trabajo. El tercer nivel, abuhardillado, es el espacio más dinámico de la casa, perfecto para recibir amigos y donde suelen campar a sus anchas los más jóvenes. Allí, las bicicletas de montaña, aparcadas en un rincón, hablan del estilo de vida de la familia. "Tal era mi ilusión por decorarla y darle vida que antes de acabar la obra, ya tenía todo organizado mentalmente, los muebles preparados, la disposición y los colores. Intenté recuperar lo máximo posible, tanto de la construcción original, como de muebles y enseres de familia, muchos de mis abuelos gallegos, que habían permanecido guardados durante años".
El interiorismo luce hoy impecable gracias al color blanco que crea una atmósfera brillante que mitiga la luz cerúlea de muchos de los días norteños, y que finalmente resulta el leit motiv que aúna el resto de elementos, objetos, historias y deseos. Colecciones de grabados antiguos y cuadros de fotografías en blanco y negro destacan colgados de las paredes lisas. Suelos de cemento pulido en la planta baja, y de madera de pino pintada en la alta, conforman un universo coherente que ayuda a dar protagonismo a auténticas piezas de museo procedentes de una casa grande que tenían los padres y abuelos de la propietaria y que ella, con el paso de los años, ha sabido guardar y encontrarles nueva vida, acorde a los gustos y necesidades de hoy.
Chaises-longues retapizadas, consolas, bancadas de madera, biombos, lámparas y apliques, cornucopias, mesas de plancheros, butaquitas gemelas, colecciones de cestería de pueblo y menaje de porcelana y plata, entran en una conversación fluida, haciendo de cada estancia un lugar amable, paradigma de buen gusto y naturalidad. "Me gusta usar todo. Las cosas están para utilizarlas, y por valiosas que sean, el mejor homenaje que puede hacérseles es disfrutarlas".
El exterior de la casa está rodeado por un paisaje verde, natural, silvestre y espontáneo que encaja a la perfección con la construcción original. "Un tejadillo con vistas al verde es el refugio ideal para huir del calor o disfrutar de los días de otoño sin pasar frío". Una zona de estar enmarcada por agapantos azules en maceteros frente a un enorme arbolado de plátanos de sombra alfombrados de pradera, dan cuenta de cómo se ajardina en el norte. Especies autóctonas y espontaneidad realzan la idea de que el paisaje es, aquí, el verdadero jardín.
Pablo ZamoraUn pasillo de la vivienda, absolutamente blanco, con acceso al jardín por unas escaleras.
Pablo ZamoraLa terraza ajardinada, un espacio informal para desayunos o tertulias de café. La pila de piedra apareció en la obra. La mesa está vestida con un mantel de Zara Home y las sillas de hierro son de anticuario.
Pablo ZamoraLa puerta principal es la original, tratada y pintada de blanco. A través de ella se accede directamente a un distribuidor. A su izquierda queda la cocina y, a su derecha, separada por unos cortinones, la entrada al jardín. La silla en primer plano es de Instinto Home, y la lámpara de pie "me acompaña desde hace más de 50 años". La pantalla de rafia es de Leroy Merlin.
Pablo ZamoraEl cuadro de la pared, sobre el sofá capitoné, la firma el fotógrafo Chema Madoz.
SALÓN
Pablo ZamoraJunto a la chimenea, blanca y de forma rectangular para potenciar la linealidad del espacio, dos butacas gemelas capitoné tapizadas en damasco, herencia de familia. Junto a ellas, dos mesitas Tulip de mármol blanco, de Eero Saarinen, adquiridas en Sirvent. El sillón Luis XVI de estructura de madera es de Isabel Martínez y se tapizó con seda natural beige.
Pablo ZamoraUn rincón cercano a la mesa de comedor. En la pared, sobre el mueble buffet, una obra de Pablo Zamora.
Pablo ZamoraUn biombo antiguo azul de Juancho Múgica separa la entrada del salón más formal. El chester, también azul, es de la madre de la propietaria. Los dos cojines están tapizados con retales de un antiguo tapiz. La mesa verdosa de centro es de Luisa Montes. Los candelabros, de El Ducado.
Pablo ZamoraUna chaise-longue heredada, retapizada con tela de Gancedo, da vida a este rincón resguardado por el biombo junto a la ventana. "Mi abuela usaba esta chaise-longue para dormir sus siestas".
SALÓN COMEDOR GALERÍA
Pablo ZamoraLas casonas cántabras tenían amplias galerías acristaladas que miraban al sur. Así se protegían del viento del norte y aprovechaban al máximo la luz natural. La de esta casa se restauró y se conservó tal cual estaba, incluso con sus cristales de colores y puertas originales, hoy pintadas en gris lavado. Junto a los sofás de loneta blanca, dos butacones de mimbre filipinos. Cornucopias, de El Ducado.
Pablo ZamoraUna mesa de planchero heredada preside un comedor en la galería.
Pablo ZamoraEn la pared, grabados venecianos. En los cestos donde se almacenaba la ropa se guardan los cojines.
Pablo ZamoraLas sillas del comedor son de Isabel Martínez y la alfombra es un kilim afgano de Rita Basagoiti.
Pablo ZamoraEl vajillero se pintó por dentro de rojo. Las sillas del comedor son de Isabel Martínez y la alfombra es un kilim afgano de Rita Basagoiti.
"Me gusta usar todo, no soy de guardar nada para que no se estropee. El mejor homenaje que puede hacérsele a los objetos es disfrutarlos".
COCINA Y COMEDOR DE DIARIO
Pablo ZamoraUn espectacular fregadero de mármol blanco de Isabel Martínez preside la cocina. Una cenefa de azulejos azules de Manises colocados de forma desordenada, perimetra la zona húmeda y de trabajo, aportando el toque de color. Todos los electrodomésticos están escondidos tras las cortinas de lino color piedra.
Pablo ZamoraEl menaje de cerámica y de porcelana, las bandejas, los tarros de almacenaje, los floreros y los fruteros, proceden de herencia familiar.
Pablo ZamoraUna mesa de madera antigua y un banco corrido, de El Ducado, dan forma al comedor de diario que se encuentra en la cocina. Las sillas, antiguas, se han tapizado con trapos de cocina de cuadros rojos y blancos de Zara Home.
Pablo ZamoraPlatos de servir, bandejas, teteras y juegos de café de plata antigua, todos de familia. Mezclando pequeños electrodomésticos del día a día con antigüedades, se crea una nueva armonía.
ESCRITORIO
Pablo ZamoraUna mesa de despacho de Mercedes Urquijo y un globo de papel blanco, de Cool Republic, son los protagonistas de este rincón de trabajo escondido tras la puerta de la galería. En la pared, fotos de María Gorbeña.
Pablo ZamoraLa silla de director con tela roja adamascada es de Luisa Montes. El sofá granate del fondo es una herencia de los abuelos de la propietaria. Sobre él, un cojín redondo de terciopelo, de Filocolore
"En el despacho, fotos de María Gorbeña, la primera fotógrafa con la que trabajé".
ESCALERA
Pablo ZamoraArranque de la escalera que conduce al piso superior. Los tres primeros peldaños se conservaron en piedra.
Pablo ZamoraEn las paredes, óleos de Begoña Calzada. Los cestos de mimbre se compraron en Vejer de la Frontera.
DORMITORIO PRINCIPAL
Pablo ZamoraA los pies de la cama del dormitorio principal, dos butacas de madera lavada tapizadas con tela de Lizzo de Pepe Peñalver. El biombo rojo se ha tapizado en Tapicerías Villa, con tela de Casamance, a la manera antigua, con tachuelas y clavos de tapicero.
Pablo ZamoraLa ropa de cama es de hilo. El edredón de terciopelo, de Maison de Vacances
Pablo ZamoraEl sofá isabelino retapizado con tela de Gancedo procede de la casa de los padres de Mercedes Díaz de Rábago. Delante, unas mesitas blancas gemelas adquiridas en Le Secret.
Pablo ZamoraLámpara de pie, de El Ducado. La cómoda de madera, con sobre de mármol oscuro, es antigua restaurada. Sobre ella, vasija antigua con ramas del jardín.
Pablo ZamoraEn el baño, mueble, de El Ducado, y apliques, de Portici. Los grabados son de procedencia familiar.
BUHARDILLA
Pablo ZamoraLa tercera planta de la casa está ocupada por una amplia buhardilla diáfana que ocupan los miembros más jóvenes de la familia y los amigos e invitados. Una pareja de camas gemelas antiguas con cabecero de madera, y vestidas con edredones de Casamance, comparten espacio con las bicis de montaña que usan los hijos para hacer deporte y con una pareja de maniquís antiguos de Vicente Navarro.
Pablo ZamoraLa tela estampada de la mesa camilla es de Souleiado.
JARDÍN
Pablo ZamoraUn tejadillo de teja de barro que conserva las vigas originales pintadas en blanco esconde un estar al aire libre, con muebles de madera y mimbre.
Pablo ZamoraDos sillas de madera blanca destacan sobre la pradera verde, las higueras, los castaños de indias y los plátanos de sombra.
LA ESTILISTA
Pablo ZamoraLa estilista Mercedes Díaz de Rábago posa delante de un globo de papel, de Cool Republic, en uno de los rincones más acogedores de la planta del medio.