- 25 reformas espectaculares: antes y después
- Las 65 casas de campo más bonitas de madera o piedra
- Las 20 casas con jardín más bonitas que puedes ver: modernas
Según el refrán, ''cuando se cierra una puerta, siempre se abre una ventana'', y el caso de Diana –la protagonista de este proyecto de reforma e interiorismo– así lo confirma. Todo comenzó en 2016 cuando, durante unas vacaciones en el norte, sufrió un atropello en el que perdió parte de su pierna derecha. A partir de ahí, comenzó una nueva etapa, complicada, pero también llena de aprendizajes y de encuentros importantes. ''Cuando tras el accidente perdí parte de mi pierna derecha, fue duro, no lo voy a negar, pero a raíz de ello solo empezaron a pasarme cosas buenas'', cuenta con una serenidad admirable.
Además de conocer a gente en su misma situación, también le llegó el amor. Pero la vida aún tenía un regalo para Diana, en clave inmobiliaria. Y es que el matrimonio había encontrado el piso de sus sueños en Madrid, el único hándicap era que requería un proyecto de reforma integral para adaptarlo a sus necesidades y preferencias. Y para ello, confiaron en Montse Morales, fundadora de Directora Creativa: ''Los propietarios querían convertir un simple piso de urbanización en una casita de campo rústica, tener un hogar'', explica la interiorista.
El piso, situado en una planta baja, fue entregado a través de la cooperativa Uppl, dentro de un programa de vivienda protegida de la Comunidad de Madrid. Los bajos del edificio estaban reservados para personas con movilidad reducida, lo que permitió a Diana acceder a una vivienda técnicamente adaptada… aunque muy básica. Lo que ella tenía en mente era algo completamente distinto: transformar ese espacio neutro y funcional en una casa con alma y sabor a campo, donde poder vivir con su familia sin renunciar ni a la belleza ni a la accesibilidad.
Desde el primer momento, todo encajó. ''Tuvimos la suerte de que, al entregarles la vivienda, la cocina aún no estaba montada (normalmente viene instalada de obra para poder obtener la cédula de habitabilidad). Eso nos dio margen para diseñarla desde cero, adaptada de verdad a su día a día y a su forma de vivir'', prosigue Montse Morales.
Aunque la vivienda solo tiene 68 m2, lo que la hace realmente especial es el jardín. Desde el principio, la interiorista supo que ese espacio exterior iba a ser clave para que la casa respirara como los propietarios soñaban. De este modo, diseñó un salón al aire libre bajo un pabellón que aporta sombra en verano y frescor gracias al ventilador de techo. Es un lugar pensado para disfrutar todo el año, para sentarse, charlar, ver crecer a los niños o simplemente desconectar un rato. ''Planteamos una distribución generosa, con sofá, chaiselongue, sillones... porque Diana y su familia son de los que disfrutan rodeados de gente. Queríamos que el jardín no fuera solo bonito, sino vivido'', indica Montse Morales.
Para garantizar la funcionalidad, detrás de una pared de lamas de madera que encaja con el conjunto, se ocultó la zona de tender: práctica, pero fuera de la vista. También se aprovechó para crear un pequeño cuarto para las bicicletas de Pedro, que es un apasionado del ciclismo.
El comedor de verano, en el porche, es de esos espacios que invitan a quedarse. ''Desde el principio lo imaginamos como un rincón para disfrutar sin prisas, de esos donde las comidas se alargan y las conversaciones fluyen solas. Colocamos una mesa redonda porque es la forma más social, más amable… donde nadie queda en la esquina y todos se miran a la cara'', añade Montse Morales. Para darle calidez, la interiorista eligió una alfombra de fibras naturales que conecta con el entorno del jardín y aporta esa textura acogedora tan gustosa. Pero si hay una pieza que realmente marca el carácter del espacio, es la lámpara de pie: una estructura escultórica, casi teatral, que envuelve sin imponer.
Tras cruzar el jardín, se accede directamente a la cocina. Es, sin duda, el alma de esta vivienda. ''Desde el primer día, sabíamos que ese espacio tenía que conectar con la forma en que Diana y Pedro viven y sienten. Querían que su casa les hiciera sentir como si vivieran en una casita de campo, pero dentro de la ciudad. Y ese fue nuestro punto de partida''.
Para transformarla, se escogieron paneles de madera natural, pequeños azulejos de inspiración artesanal, el color verde como hilo conductor en la barra de desayunos, y se incorporaron vigas falsas en el techo para evocar esa arquitectura rural. La luz entra desde el jardín y lo baña todo, haciendo que la transición entre exterior e interior sea casi imperceptible. Serena, acogedora y funcional. Así es esta cocina.
''Aunque estábamos trabajando sobre una obra nueva, fue necesario reformar la distribución de casi todo (excepto los dormitorios) para adaptarla de verdad a Diana y a su familia. Redistribuimos, eliminamos lo estándar y repensamos todos los espacios para que la casa funcionara como ellos necesitaban: con fluidez, belleza y sentido práctico''.
La zona de día se abrió completamente, unificando cocina, comedor y salón. Así la luz fluye, el espacio se percibe más amplio, y todo resulta más accesible. El comedor queda justo detrás de un mueble a medida que separa sin cerrar y, además, permitió ganar capacidad de almacenaje. Un espacio para reunirse, comer juntos, y sentirse en casa.
El salón es otro de esos espacios donde cada elemento tiene una intención. ''Queríamos calidez, funcionalidad y encanto. La lámpara de pie dorada, con su aire vintage, pone un toque de brillo sutil, mientras que el mueble de televisión en madera refuerza esa sensación natural y acogedora que buscábamos desde el inicio'', dice la interiorista.
Una de las claves del estudio es el friso de madera blanca que recorre la pared. ''Aporta textura, protege de los roces del día a día y le da a la estancia un aire envolvente y elegante. Sobre él, colocamos dos láminas con mensajes positivos que Diana eligió con mucho cariño''.
El baño principal resume muy bien el equilibrio entre funcionalidad y estética que se buscaba en el proyecto. ''Está adaptado para Diana, con una ducha a ras de suelo que garantiza comodidad y seguridad. Pero también es un espacio sereno, moderno y con carácter''.
Las paredes revestidas en microcemento aportan continuidad y una textura suave que lo envuelve todo. En el suelo, un hidráulico en tonos grises y negros añade un guiño artesanal. La mampara de cristal con perfilería negra le da estructura sin quitar ligereza. En definitiva: accesible, bonito, y completamente pensado para disfrutarlo.
Una de las estancias favoritas de Montse Morales es la del hijo mayor de Diana y Pedro. En este cuarto todo está pensado a su escala: los juguetes, los materiales, el almacenaje. Así puede acceder fácilmente a sus cosas y, también, aprender a recogerlas cuando termina de jugar o de dibujar. ''En la pared, instalamos un friso que permite ir colocando y cambiando sus dibujos. Un rincón para expresarse, crecer y disfrutar''.
Aunque la vivienda se encuentra en un entorno urbano, el dormitorio principal transmite todo lo contrario: calma, naturaleza, desconexión. ''Utilizamos materiales cálidos como la madera, textiles suaves, estores que tamizan la luz, y muchas plantas, que dan vida y frescura''. El resultado es un espacio sereno, íntimo y muy personal.
''El mayor reto fue cómo hacer un proyecto bonito, eficiente y respetando la normativa de accesibilidad sin entrar como un elefante en una cacharrería'', concluye Montse Morales. Y esa ha sido precisamente la clave: intervenir con respeto, sensibilidad y atención a los detalles.
Reforma e interiorismo: Directora Creativa.



























