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Una familia con tres hijos encargó al estudio AIYA Bureau el diseño interior de su nueva casa cerca de Moscú. El proyecto, de 978 metros cuadrados, partía de una arquitectura ya definida por el despacho Portner Architects, y el equipo liderado por Aiya Lisova se incorporó una vez construida la vivienda para dotarla de carácter, calidez y funcionalidad. “Los clientes querían que el interior de su casa reuniera rasgos de los países que más les inspiran: la capacidad española de encontrar belleza en lo cotidiano, la elegancia italiana y su apego a los valores familiares, la sencillez y armonía de la estética escandinava”, explica la interiorista.
La planta baja, pensada para el encuentro y la convivencia, se organiza en torno a un eje longitudinal que conecta la entrada con el salón. Desde el recibidor, el pasillo y el salón conforman una secuencia lineal que desemboca en una estancia muy luminosa, con tres ventanales panorámicos y zonas diferenciadas: un área de estar con chimenea, un rincón de lectura y un espacio dedicado a la música, presidido por un piano de cola. Desde aquí se accede al comedor, donde destacan una lámpara escultórica de Panzeri y una obra de arte, y a la cocina, completamente equipada y diseñada por Boffi.
En esta planta también se encuentra una zona de spa con sauna, ducha, sala de masajes y un espacio de relax. Completan el nivel inferior una sala de juegos con videoconsola, varios baños y dos dormitorios de invitados. La iluminación natural y las vistas al jardín unifican todos los ambientes. “La repetición de materiales de acabado produce un efecto muy logrado. Ayuda a crear una sensación de unidad, una atmósfera envolvente y una imagen armoniosa del conjunto de la casa”, señalan desde el estudio.
La planta superior responde a una planificación axial con cierta simetría. Desde un distribuidor central y un pequeño invernadero se accede al despacho del propietario, a un gimnasio y a tres dormitorios infantiles. En el ala opuesta se encuentra la suite principal, separada por una puerta, que incluye dormitorio, baño y vestidor. Aquí destaca un tapiz de Sergey Gavin, realizado en brocado, hilos dorados y fragmentos de vidrio: una pieza única que aporta un acento artístico y materializa el carácter íntimo y sofisticado del espacio.
La paleta cromática se inspira en los colores del entorno natural, trasladados al interior a través de materiales nobles y tonos suaves. Parqué de la firma Bonum en las zonas habitables, gres porcelánico en cocina, vestíbulo y baños, caucho Ecore en el gimnasio, estuco decorativo en el spa y pinturas de Farrow & Ball y Little Greene para paredes y techos. Las molduras de escayola fabricadas a medida refuerzan la elegancia clásica de los interiores.
Mucho del mobiliario fue diseñado ad hoc para el proyecto, como los armarios del vestidor, la composición de TV del salón o los muebles de baño. La atención al detalle se percibe incluso en los marcos de las ventanas, revestidos en chapa de madera. A esta base funcional y serena se suma una selección de obras de arte, que aportan profundidad estética sin romper la armonía general. Destaca un espejo del artista Christophe Gagnon sobre la chimenea, una obra de Anton Konyukhov en la escalera (que unifica todos los tonos del interior en una composición cromática coherente), y pequeñas piezas de colección adquiridas en la galería de Georgy Danelia, algunas del siglo XIX y otras tan antiguas como del siglo VI.
“Durante todo el proceso de trabajo mantuve un contacto muy estrecho con los clientes: juntos creamos su propio estilo de vida dentro del nuevo espacio”, explica Aiya Lisova. Esa cercanía se traduce en una casa personalizada, sobria y funcional. “Es una casa pensada para vivir”.






























