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El hormigón visto y los toques de azul cobalto se entrelazan con maestría en este piso de 90 metros cuadrados en São Paulo. Un espacio que ha pasado de ser un inmueble compartimentado a convertirse en un lienzo perfecto para la vida moderna, donde las colecciones de vinilos y libros no son solo objetos de almacenaje, sino, sobre todo, elementos protagonistas de la decoración.
Las arquitectas Juliana Silva y Amanda Mori, del estudio Go Up Arquitetura, se enfrentaron a un proyecto con personalidad propia: transformar un hogar respetando sus características originales mientras diseñaban soluciones de almacenaje para una familia que vive intensamente cada rincón y posee extensas colecciones de discos y libros que necesitaban su espacio. ''La familia buscaba algo diferente. Querían alejarse de la estética tradicional repleta de armarios, preferían muebles con mayor fluidez, más ligereza visual y que, a la vez, cumplieran con todas sus necesidades de almacenamiento'', explican.
La intervención comenzó derribando la pared que separaba dos habitaciones, generando un nuevo espacio donde instalaron un vestidor integrado en la arquitectura. El dormitorio principal experimentó una transformación similar al agregar el baño en suite, mejorando la circulación e incorporando un mueble multifuncional junto a la ventana que alberga tanto la colección de vinilos como otros objetos cotidianos.
En todo el proyecto, los materiales naturales cobran especial protagonismo. El pilar en forma de L que queda expuesto en la zona de la cocina –decorado con repisas rojas–, se convierte en un elemento vertebrador visible tanto desde este espacio como desde el salón.
El pavimento porcelánico azul en la cocina y la zona de acceso delimita espacios sin necesidad de paredes y establece un contraste fascinante con los tonos cálidos y vibrantes presentes en la puerta de entrada. Los elementos metálicos que recorren la vivienda, como la puerta que divide la cocina del salón, las estanterías en ambos espacios y la puerta batiente que separa la terraza cerrada (ahora convertida en rincón de lectura) del salón, añaden una textura contemporánea al conjunto.
La distribución final responde a una cuidadosa reflexión sobre cómo vive esta familia brasileña en su día a día. Cada detalle ha sido pensado para facilitar rutinas y movimientos, para que la experiencia de habitar fluya sin obstáculos. Las estanterías metálicas, lejos de ser meros soportes para libros, se convierten en elementos escultóricos que dan ritmo a los espacios, añadiendo profundidad visual y personalidad. La luz natural, protagonista silenciosa, baña cada rincón de la casa, potenciando los contrastes entre materiales y realzando la calidez del conjunto.
En este piso de São Paulo, los libros y discos no se esconden tras puertas de armarios. Las colecciones forman parte integrante del paisaje interior, con estanterías que parecen flotar en las paredes.
Las piezas de mobiliario, con su presencia discreta, pero igualmente cautivadora, abrazan los objetos personales de los propietarios sin restarles protagonismo. Cada rincón revela algo de quienes habitan este espacio, de sus pasiones y su modo de entender la vida doméstica. El resultado es un hogar que celebra los contrastes: lo original y lo contemporáneo, lo funcional y lo estético, lo sereno y lo colorido.
Proyecto e información: Cortesía de Go Up Arquitetura.

























