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En la tercera planta de un edificio de 1925, en el barrio de Salamanca, la arquitecta Carolina Sorgi ha transformado un piso anticuado de 90 metros cuadrados en un sofisticado pied-à-terre madrileño. ''Los clientes buscaban una vivienda pequeña en el barrio de Salamanca que les sirviera de pied-à-terre para sus visitas a Madrid. Deseaban un edificio clásico con balcones a la calle, características distintivas de esta prestigiosa zona de la ciudad''. Lo que antes era un inmueble estrecho, alargado y con una cocina escondida al fondo, ahora fluye con elegancia gracias a una reforma integral que no dejó nada de la distribución original. La intervención demolió el 100% del interior para crear un nuevo esquema espacial que optimiza la distribución, prioriza la luz natural y preserva el carácter del espacio en medida de lo posible.
El cambio más significativo se produjo en la cocina, que ahora ocupa un lugar central en la zona social, conectada directamente con los balcones que miran a la calle Hermosilla. Su diseño, elegante y minimalista, cautiva desde el primer vistazo gracias al color negro con acabado mate de sus muebles, y a su salpicadero y encimeras de mármol negro, con el mismo efecto mate. Este contrapunto oscuro destaca sobre una base cromática de tonos neutros, blancos y beiges cálidos que inundan el resto de la vivienda. Para mantener la coherencia visual, Carolina Sorgi introdujo sutiles detalles en negro –lámparas, herrajes, textiles– que conversan con la cocina y aportan ritmo al conjunto.
La isla central dispone de una mesa de comedor de madera integrada en la misma estructura, con cuatro sillas con tapizado en pata de gallo.
''El objetivo era que la zona social, un punto importante de la renovación, estuviese conectada con los balcones que dan a la calle, lo que permitió que la luz natural entrara en el espacio y creara una conexión entre el interior y el exterior''.
La funcionalidad se potencia con soluciones inteligentes, como el mueble de la entrada que oculta tres elementos: un lavadero discretamente escondido tras puertas minimalistas; un bar integrado de manera armoniosa para el entretenimiento y la relajación; y un armario para colgar los abrigos que mantiene el orden en el espacio.
El roble natural de tablones anchos y largos reviste todo el suelo, aportando calidez y ampliando visualmente la vivienda.
En la zona privada, la vivienda cuenta con dos dormitorios bien equipados, cada uno con su propio baño para mayor intimidad y confort. El dormitorio principal destaca por el vestidor diseñado a medida, separado de la habitación por un elegante tabique que no llega hasta el techo, con el objetivo de preservar la sensación de apertura.
El mobiliario de diseño vanguardista, elegante y minimalista, fue seleccionado bajo la supervisión del cliente, para que realzara no solo la estética sino también la funcionalidad de cada espacio.
El aseo de cortesía, pese a contar con pocos metros, es una de las estancias más llamativas de la renovada vivienda, gracias a la elección de un original papel pintado con dibujos de monos sobre un fondo negro. El lavabo de pedestal y forma circular, se acompaña de un grifo de suelo negro con acabado mate, poniendo el broche de oro al interiorismo.
Proyecto e información: Cortesía de Sorgi Studio.
























