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El proyecto de Casa Llull nació del sueño de una pareja que, tras vivir en distintos países de Europa, eligió Barcelona para establecer su hogar definitivo y criar a su hija pequeña. Atraídos por el carácter auténtico de la ciudad, deseaban una vivienda que combinara la esencia barcelonesa con un diseño funcional que reflejara su amor por el estilo de vida mediterráneo. La elegida fue esta finca de 1910 ubicada en el codiciado barrio de Poblenou. Sin embargo, el inmueble precisaba una reforma integral para aprovechar al máximo la luz natural y crear un espacio que acogiera los recuerdos y experiencias de sus viajes, al mismo tiempo que mantuviera una conexión fuerte con el estilo arquitectónico y los materiales tradicionales de la ciudad. El arquitecto Jordi Sabaté, del estudio Mutuum, se encargó de un proyecto no exento de retos, haciendo uso de un agudizado ingenio en cuestiones como la distribución o la conservación de los elementos estructurales.
La casa, con distribución clásica, bóveda catalana y detalles arquitectónicos característicos de la época, presentaba varios desafíos. Con el paso de los años, los tabiques habían adquirido carga estructural, limitando la posibilidad de redistribuir el espacio. ''El reto consistía en transformar esta estructura sin perder su identidad original, preservando elementos tradicionales y fortaleciendo la base estructural para una distribución más abierta, que permitiera que la luz llenara cada rincón del hogar'', nos cuenta el arquitecto.
Para adaptar la vivienda a las necesidades de la familia, se rediseñaron los espacios en función de la luz natural. El salón comedor con cocina integrada, pensado para ser el corazón de la casa, se ubicó en la zona más soleada, orientado al suroeste, mientras que las habitaciones se colocaron en el área más tranquila del patio interior, proporcionando un refugio de calma en la vibrante vida de la ciudad. Esta reestructuración logró el equilibrio entre las áreas comunes y privadas, creando un hogar donde cada miembro de la familia puede disfrutar de su propio espacio.
En el diseño, se respetaron los elementos originales: el suelo hidráulico fue restaurado, las puertas decapadas y pintadas en blanco, y las molduras se recuperaron para mantener el carácter único de la finca. En las habitaciones, se dejaron a la vista las vigas de bóveda catalana, conservando la madera y pintando las superficies en blanco, lo que aporta una estética serena y atemporal. Los toques de color, en tonos terracota y azul en el baño suite, complementan el diseño con una frescura que evoca el Mediterráneo. El azul también es protagonista en el segundo baño, con unos originales azulejos de diseño geométrico.
La cocina, moderna y funcional, incorpora una isla central, además de tiradores y detalles en latón cepillado que añaden un toque elegante y sofisticado. Las paredes curvas en la entrada suavizan la transición entre espacios, creando una bienvenida amable en esta finca de dimensiones ajustadas. La iluminación natural, aprovechada al máximo, se refuerza con una paleta de colores claros que potencian la sensación de amplitud.
Detalles que marcan la diferencia: el sistema de calefacción central, de última generación, garantiza el confort durante todo el año, integrándose discretamente en el diseño clásico de la casa.
En definitiva, la reforma integral hizo de esta casa un espacio de autenticidad y armonía, donde cada detalle cuenta una historia y donde esta familia puede disfrutar de su propio rincón barcelonés. Un lugar lleno de luz, historia y el encanto inconfundible de Poblenou.
Proyecto e información: Cortesía de Jordi Sabaté, de Mutuum. Estilismo: Modoo Interiors.


































