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Escondida entre prados de un verde vibrante, vacas tudancas y el azul del mar, se encuentra esta casona con más de 300 años de antigüedad. Llamada ''Bonita del norte'', esta joya de la arquitectura tradicional cántabra, está ubicada en Lamadrid y fue adquirida en el año 2022 por la familia Javaloyes –propietaria de Wishome–, para convertirla en una vivienda de alquiler vacacional con alma.
Como suele ocurrir con este tipo de inmuebles, los muros originales de barro y piedra no habían aguantado bien el embiste del tiempo, por lo que hubo que realizar una reforma integral. Eso sí, conservando su esencia rústica. Manolo y Minuca, un matrimonio de la zona, se encargaron de rehacer la casa –mano a mano y con mucho mimo– en solo 12 meses, y Dafne Vijande puso el broche de oro con un interiorismo moderno y rústico a la par, en una perfecta simbiosis de épocas.
La intervención fue técnicamente compleja. Para empezar, hubo que derribar una cuadra que estaba junto a la casa para ampliar el espacio y sacar de ahí el salón; además, se pusieron enormes ventanales –en lugar de tradicionales solanas– para inundar todo de luz; también se conservó un horno de pan antiguo que encontraron al picar las paredes; y se endulzaron los muros de piedra con cálidos suelos de madera, fibras, vigas recuperadas de roble y techos teñidos de blanco.
El espectáculo comienza en el exterior, donde nos recibe una amplia piscina rodeada de árboles, y un porche con zona de comedor y estar.
En el salón, la chimenea y el gran sofá rinconera crean un ambiente perfecto para los días de frío y lluvia. Los detalles hacen el resto, como el barco decorativo que descansa sobre la repisa: es de un anticuario y data de finales del siglo XIX. El valor de la artesanía está presente en cada rincón, con piezas de madera trabajadas por un carpintero local, como la mesa de centro y otros elementos decorativos que suman carácter.
El comedor, integrado en el espacio abierto, destaca por la mesa de madera hecha a medida por un carpintero local. Las sillas de Sklum y la lámpara de techo importada de Marruecos que cuelga sobre la mesa, conciben un ambiente cálido e íntimo para las comidas familiares.
La cocina con distribución abierta llama la atención por su color aguamarina, un guiño al mar Cantábrico que aporta alegría y resta pesadez a los muebles de madera y las paredes de piedra. Dispone de una amplia isla central en la que pueden caber hasta 6 personas, con zona de cocinado y barra de desayunos. La encimera de madera de castaño con acabado irregular otorga carácter y autenticidad al conjunto.
También en la cocina, para aprovechar el espacio bajo los grandes ventanales sin interrumpir la entrada de luz, se creó un rincón de lectura acogedor con una bancada de madera volada llena de cojines.
En el dormitorio principal, las paredes están decoradas con flores pintadas al fresco por la artista Mayesa Mira. Los tonos tierra de los textiles, con toques de color curry, generan un ambiente especial. Un detalle fascinante son los tableros de madera desiguales colocados en la pared, que imitan las estructuras vistas de las casas tradicionales. Pero lo mejor aguarda junto a los ventanales, donde una comodísima chaise longue permite contemplar el paisaje, dormir una pequeña siesta o disfrutar del placer de la lectura en un entorno de máxima tranquilidad.
Las estancias abuhardilladas de la planta superior, gozan de un encanto especialmente acogedor, con las vigas de madera vista.
Se confirma, una vez más, que el norte siempre es un destino acertado.
Puedes alquilar la casa a través de Wishome.





























