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Si hay algo que Alberto Torres domina mejor que nadie, es el uso del papel pintado. En este apartamento de 40 metros cuadrados, ubicado en el barrio de Salamanca de Madrid, el interiorista aprovechó este recurso para potenciar la profundidad de la vivienda, que cuenta con tan solo 3 metros de ancho. Asimismo, la única ventana del apartamento se sitúa al fondo de la planta, donde antes había una terraza. Conseguir que esa luz llegara a todas las estancias y eliminar la sensación de pasillo alargado, se convirtió en el punto de partida de un proyecto magistral.
Las claves del proyecto
El éxito de este proyecto radica en cinco claves que han transformado las limitaciones iniciales en virtudes. Por un lado, el uso estratégico del papel pintado, con estampados que, lejos de empequeñecer el espacio, aportan profundidad y rompen esa sensación de pasillo infinito. Por otro lado, la disposición del vestidor como elemento de transición entre la zona de día y de noche resulta práctica, logrando diferenciar ambientes sin crear divisiones abruptas que habrían fragmentado aún más el espacio. La ventana interior de este vestidor facilita que la luz natural viaje hasta la entrada, eliminando rincones oscuros y potenciando esa sensación abierta que tanto se buscaba, complementada por espejos y superficies satinadas que multiplican la luminosidad disponible.
La paleta de colores neutros con toques terrosos, combinada con materiales naturales como madera, lino y cerámica, otorga calidez y expande visualmente los límites físicos del apartamento. Finalmente, cada pieza de mobiliario ha sido escogida por sus líneas limpias y proporciones precisas, priorizando el almacenamiento integrado para mantener ese orden visual tan necesario cuando cada centímetro cuenta.
Desde la entrada a la casa se accede a un pequeño recibidor que da paso directo a la cocina. Aunque compacto, se ha resuelto con un armario a medida semiabierto que integra la zona de colgar y un módulo con cajón inferior para almacenamiento extra. Como este espacio queda a la altura de la cocina, para mantener el orden visual y aprovechar al máximo el espacio, la nevera se ha incorporado en este mismo armario, logrando una transición fluida con la cocina sin perder funcionalidad.
La cocina abierta y en L, aprovecha al máximo el espacio disponible, combinando funcionalidad y estética en un entorno compacto pero eficiente. La elección de materiales en madera clara con detalles en negro refuerza un estilo moderno y cálido. En el extremo derecho se ha creado un área específica para bebidas, con una vinoteca integrada y una vitrina de cristal negro. Esta última permite almacenar cristalería de forma accesible, mientras que la vinoteca cuenta con un espacio superior libre para facilitar la ventilación y evitar sobrecalentamientos.
Justo a la izquierda de la vinoteca se ha ubicado el lavavajillas panelado, una decisión que permite cargar directamente la vajilla sucia desde la mesa del comedor, optimizando la dinámica de uso. En una de las esquinas de la cocina, se ha situado el fregadero, maximizando el espacio de encimera disponible. Además, los módulos superiores en esta zona han sido diseñados para diferenciar visualmente el área de fregado y proporcionar almacenamiento extra sin recargar el espacio. En el lateral izquierdo se encuentra la columna de horno y microondas, una solución que libera superficie de trabajo en la encimera y permite integrar los electrodomésticos de forma ergonómica. Bajo el horno, se ha panelado la lavadora, garantizando uniformidad visual y optimización del espacio.
El comedor y el salón comparten un mismo espacio sin divisiones, iluminado mediante luz indirecta perimetral y reforzando la sensación de amplitud. La mesa redonda ayuda a crear fluidez visual.
El papel pintado, que ilustra un paisaje natural en tonos suaves y difuminados, se convierte en el recurso clave para romper la percepción de pasillo y ampliar visualmente las paredes de las zonas comunes.
El salón se ha diseñado pensando en la versatilidad. El sofá cama, de estética ligera y tonos neutros, permite disponer de una cama extra para invitados sin alterar la configuración del espacio. La iluminación perimetral indirecta contribuye a una atmósfera acogedora y envolvente, reforzando la sensación de confort en un área de dimensiones reducidas.
Para ganar metros, la antigua terraza se ha incorporado al dormitorio, una intervención que ha requerido soluciones técnicas específicas para asegurar el correcto aislamiento térmico e impermeabilización.
El cabecero, diseñado a medida en DM lacado, se extiende de pared a pared, integrando una repisa estrecha para cuadros y pequeños objetos decorativos, lo que permite optimizar el espacio sin sobrecargarlo visualmente. La parte inferior, revestida con papel pintado en tonos grises, agrega textura y profundidad.
A la vista desde la cocina y el salón, el vestidor debía mantener una estética impecable. Se ha optado por un diseño a medida en melamina con efecto lino, combinando zonas de colgado largo y corto, cajoneras inferiores y estantes superiores para maximizar la capacidad de almacenamiento. Un módulo lateral abierto facilita el acceso a prendas de uso diario sin comprometer la armonía visual del espacio.
El baño, de estética minimalista y neutra, destaca por su mueble de lavabo suspendido con espejo retroiluminado. La grifería en blanco, además de aportar un toque moderno y elegante, mejora la integración con el diseño y disimula mejor las marcas de cal. Para optimizar el espacio, se han creado unas estanterías a medida y el pavimento se ha prolongado hasta un zócalo alto, generando un efecto envolvente que refuerza la sensación de orden y añade un toque decorativo al espacio.
Proyecto e información: Cortesía de Alberto Torres. Estilismo: Beatriz Sánchez.


























