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Ubicado en la lejana Samara, Rusia, este apartamento de 75,3 metros cuadrados es todo lo que una mujer de negocios con estilo podría pedir: cómodo, sofisticado y lleno de personalidad. Diseñado por la interiorista Ksenia Lysenko y la estilista Daria Kopylova, el inmueble no se planteó para vivir a tiempo completo, sino para disfrutarlo de manera puntual. ¿El reto? Crear un interior que reflejase el carácter de la propietaria, es decir, ecléctico, con mucho carisma, femenino, delicado y poco convencional al mismo tiempo. Spoiler: te va a encantar.
Para sacarle todo el jugo a la distribución, Ksenia y Daria tiraron paredes y apostaron por un concepto abierto en la zona de cocina y salón. Pero el verdadero hilo conductor del proyecto es el techo rosa empolvado, que unifica los espacios a través de un friso de yeso de aires Art Déco. Además, fieles a la tendencia que sigue triunfando este 2025, las curvas están por todas partes: puertas, muebles, lámparas y apliques...
El protagonista del dormitorio es el cabecero con forma ondulada que queda enmarcado por un ribeteado negro. En la parte superior de la pared, el friso se combina con un diseño en arcos que conecta con el vestidor de manera sutil, actuando como un tragaluz que proyecta distintas sombras a lo largo del día. Del vestidor, aunque no tenemos imágenes, sabemos que está decorado en un rosa suave y delicado.
Los textiles de todo el apartamento apuestan por tonos neutros, dando prioridad a las texturas, especialmente, al bouclé.
Si el dormitorio tiene un aire delicado, la cocina es todo lo contrario, como una dosis de vitaminas. El naranja vibrante viste el mobiliario y se combina con encimeras de cuarcita negra para crear un contraste potente. La propietaria, foodie confesa y amante de las reuniones con amigos, necesitaba un espacio funcional y con mucha personalidad, así que las decoradoras eligieron una mesa de comedor de la firma Alf, con tablero de chapa gráfica, y unas sillas de la marca Calligaris.
El toque retro lo pone el frigorífico Smeg en rojo, un guiño a los años 50 que encaja sin esfuerzo en el conjunto. La cocina Scavolini está equipada con congelador empotrado, vinoteca y lavavajillas. Sobre el aparador-bar de Midj, un díptico de formas orgánicas –Embryos– de la artista local Natalia Prokofieva, añade una pincelada artística al espacio.
En el salón se mezcla lo mejor del diseño italiano con piezas a medida. Una estantería de roble diseñada especialmente para el proyecto, con forma ondulada, acompaña un sofá de Natuzzi, todo en perfecta sintonía con el lenguaje de los arcos. En el suelo, una alfombra escultórica de Art de Vivre rompe con lo convencional, mientras que las mesas de cristal de Miniforms juegan con la luz y proyectan sombras de colores que, al igual que ocurre en el dormitorio, cambian según la hora del día.
Al baño se accede mediante un módulo con el mismo tipo de puertas de estilo afrancesado del dormitorio, con carpintería verde, cristales translúcidos y tiradores dorados. Este módulo se convierte, en cada extremo, en sendos armarios con gran capacidad de almacenaje.
Dentro del baño, la clave reside en el grifo rojo de Fantini, que sirvió de punto de partida para todo el diseño, en combinación con el verde. La ducha, encajada en un nicho, se enmarca con un arco. En el otro lado del baño, la zona de lavandería, con lavadora, secadora y almacenaje, se integra con discreción. Aunque no podríamos terminar el recorrido sin hacer mención a esa espectacular lámpara tipo Sputnik.
Interiorismo: Ksenia Lysenko. Estilismo: Daria Kopylova.


































