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En París, mientras el mundo exterior seguía su habitual ritmo frenético, este piso de estilo Haussmann decidió tomarse su tiempo para reinventarse. Los 120 metros cuadrados de la casa encontraron su camino hacia el presente de la mano del arquitecto Dario Mucedda, quien se encargó de decir adiós a una distribución excesivamente compartimentada y a una decoración desfasada. La premisa, como suele ocurrir en este tipo de inmuebles con historia, era respetar su esencia clásica a través de elementos como las molduras, pero adaptando el interiorismo a las necesidades de sus propietarios actuales.
En cuanto a la decoración, se optó por buscar la sencillez. Toda la vivienda está bañada de luz natural que se multiplica por el blanco de las paredes. Aquí y allá, los toques de color salpican el recorrido, ya sea en un sillón o un armario. Tan solo el pasillo con paredes curvas y la sala de entretenimiento se visten por completo de nude y terracota, en un intento de acentuar el cambio de espíritu.
Lo mismo sucede con el parquet macizo de roble blanqueado, que unifica toda la vivienda salvo el pasillo y la sala de estar, donde se colocó hormigón encerado para añadir un toque moderno.
Pero si hay algo que destaca en todas las estancias, es la elección de las lámparas de techo. Sobre la mesa del comedor, dos lámparas con pantallas de fibras de líneas orgánicas se convierten en piezas esculturales; en el dormitorio, la iluminación adquiere un tinte art déco; y en las habitaciones infantiles, las pantallas tipo flor agregan dulzura.
Nueva distribución, misma esencia
Aunque el número de habitaciones se mantuvo, la distribución cambió radicalmente en las zonas comunes. La antigua cocina y el comedor, que solían estar separados y limitados en espacio, se trasladaron al otro lado de la casa. Ahora, la cocina y el comedor se abren al salón, creando un espacio diáfano de 50 metros cuadrados pensado para disfrutar y compartir. Este nuevo corazón del hogar es ideal para recibir invitados, con una iluminación cuidadosamente diseñada a través de una serie de focos que resaltan la amplitud y aportan un aire de galería de arte.
Donde antes se encontraban la cocina y el comedor, ahora está el dormitorio principal, con más de 20 metros cuadrados que incluyen vestidor y baño en suite. A través de la mezcla del blanco y una tonalidad topo, junto a pequeños detalles de color negro, el minimalismo de la estancia ha ganado una elegancia atemporal y relajada.
Las dos habitaciones infantiles también se renovaron cuidando cada detalle, equipándolas con armarios y soluciones de almacenamiento integradas que maximizan el espacio sin sacrificar la estética. En la primera habitación, donde se encuentra la cuna, se escogió un azul empolvado para el armario y una de las paredes. En la segunda habitación, planteada con zona de juegos, un morado que recuerda al Ultra Violeta de Pantone, añade profundidad en zonas estratégicas.
Cerca de estos dormitorios, el cuarto de baño también se rediseñó por completo. Ahora cuenta con una bañera que también sirve como ducha, aunque lo que más llama la atención es el mueble de lavabo y almacenaje en color azul, rompiendo con el blanco de azulejos y paredes.
El antiguo estudio, escondido al final del pasillo curvo, se ha transformado en una acogedora sala para ver la televisión y disfrutar de la lectura, con paredes en un tono terracota que evoca un ambiente íntimo y relajante, idóneo para desconectar tras un día en la ciudad.
En definitiva, este piso nos recuerda que París no es solo la Ciudad de la Luz, sino también la del cambio. Porque a veces, para avanzar, solo hay que saber escuchar lo que las viejas paredes tienen que contarnos.
Proyecto e información: Cortesía de Cabinet 2D.




























