- Reformas en casa: los 25 antes y después más impactantes
- Los 40 pisos pequeños de menos de 50 metros más bonitos
- 55 ideas para decorar un piso pequeño con estilo y encanto
Transformar un antiguo local comercial en una vivienda acogedora y funcional puede parecer un reto, pero este proyecto demuestra que, con una buena dosis de creatividad y atención al detalle, es posible lograr resultados espectaculares, ¡incluso en una planta baja! Situada en un barrio residencial cercano al centro histórico de Málaga, la casa es el primer hogar de una joven pareja, quienes buscaban un espacio abierto que integrase cocina, comedor y salón con salida al patio interior, y una decoración actual, pero con toques clásicos. La interiorista Patricia González de Lara, supo captar a la perfección sus deseos y necesidades.
El punto de partida fue potenciar al máximo el espacio disponible, orientando la casa hacia un pequeño patio interior que, además de ser un remanso de paz, proporciona luz natural y privacidad a todas las estancias. Inspirado en los típicos patios andaluces, cuenta con una fuente perfecta para refrescarse del calor malagueño, vegetación exuberante y detalles artesanales que añaden un encanto especial.
Para la pareja, la prioridad estaba clara: unificar cocina, comedor y salón en un solo espacio amplio y fluido. ¿La solución? Derribar paredes. De este modo, la cocina se situó frente al recibidor, con una isla central que también sirve como barra de desayunos. Un detalle de esta isla es la iluminación LED que destaca el revestimiento de palillería de madera –tan en boga últimamente– y añade contraste con la encimera de mármol.
Al tratarse de una planta baja con poca luz natural, Patricia decidió conservar los techos altos originales del local. Este recurso, junto a la elección del color blanco en las paredes y a la apertura de los espacios, hacen que la casa parezca mucho más luminosa. En cuanto al diseño, la interiorista optó por un suelo de caliza que aporta continuidad y frescura a todo el apartamento, mientras que las molduras de las paredes y las puertas hechas a medida introducen un toque de elegancia clásica.
Anexo a la cocina se dispone el comedor, con una mesa blanca modelo Tulip y unas sillas con un patrón en zigzag muy fresco y dinámico. Detrás, descansa un precioso aparador de madera clásico, adquirido en las Galerías Piquer de Madrid, al igual que los apliques de pared.
El salón dispone de una ecléctica combinación de mobiliario que armoniza a través de la gama cromática, como un sofá beige de líneas clásicas, unas butacas de ratán y una mesa de centro de madera de diseño sencillo. Enfrente, la televisión queda empotrada en la pared, sobre una chimenea de bioetanol. A su lado, una estantería de obra.
Desde aquí, se accede al patio, aunque también se puede llegar a través de uno de los dormitorios. Mención aparte se merece la iluminación LED que bordea el perímetro, creando un ambiente más íntimo y acogedor cuando llega la noche.
El área de noche alberga dos dormitorios de aires clásicos refinados con baño en suite, cabeceros tapizados, papeles pintados con efecto tejido y molduras decorativas. Detalles como los apliques de pared o los ricos estampados de los cojines, conciben dos estancias impecables.
En los baños, la sencillez y la naturalidad se dan la mano, con muebles de madera volados, espejos redondos y duchas con perfilería metálica.
El resultado es una vivienda que refleja los sueños de sus jóvenes propietarios: un espacio bañado de luz, donde lo clásico y lo contemporáneo conviven, y donde cada rincón invita a quedarse.
Proyecto e información: Cortesía de Patricia González de Lara.







































