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En el año 1882, entre montañas majestuosas y el azul sereno del lago de Cellers, se concibió, piedra a piedra, una de esas joyas de la arquitectura tradicional catalana conocidas como masías. Sus primeros habitantes, un humilde matrimonio que trabajaba la tierra y cuidaba el ganado, no podrían haber imaginado que, varias generaciones después, su bisnieta honraría su esfuerzo y le devolvería a la Masia Mateu de l'Agustí todo su esplendor. Aunque esta vez, su función no sería la de un hogar al uso, sino la de un alojamiento rural y sostenible, en perfecta sintonía con un escenario tan bucólico y natural como el Prepirineo catalán.
El proyecto, llevado a cabo por Espais amb Arquitectura, partió de dos premisas claves: conservar la esencia de la masía original, representada en su pared de piedra, y garantizar un diseño sostenible que se integrase en el entorno natural. Para ello, optaron por la combinación de aislamiento térmico, climatización por aerotermia y placas solares. Respecto al estilismo de la casa, este se ha tratado con mucha delicadeza, puesto que el objetivo principal era crear un espacio cálido, acogedor e integrado en el entorno con toques rústicos.
La masía cuenta con dos plantas diseñadas para el confort de los huéspedes. En la planta baja, un gran espacio diáfano reúne la cocina, el comedor y el salón. Esta planta también incluye un aseo, un lavadero y una habitación doble adaptada para personas con movilidad reducida.
En el momento en que se cruza el umbral, la pared de piedra original recibe al visitante como un testigo del pasado, mientras que el suelo de parquet de gran formato en tono roble natural y la escalera de roble natural macizo tratado crean una base cálida y elegante. Asimismo, destaca el techo con bovedillas curvas de cerámica y vigas en negro mate.
La cocina se abre al salón, y en medio de ambas zonas, una amplia mesa de comedor de madera ofrece espacio para ocho comensales.
Las cinco habitaciones de la planta superior –dos triples y tres dobles– están pensadas para ofrecer un equilibrio entre privacidad y lujo discreto. Lo primero que llama la atención son las vigas de madera natural, elementos que refuerzan la sensación de calidez en unas estancias que se caracterizan por sus techos altos y su conexión visual con el entorno. Las camas se visten con sábanas blancas de algodón egipcio mercerizado, y los plaids y cojines en tonos tierra añaden calidez y un toque rústico.
Todas las habitaciones disponen de baño privado, con paredes en mortero de cal en tono beige que aportan luz al espacio. Las griferías en negro bronce, por su parte, otorgan modernidad, y los accesorios en negro mate le dan ese punto de sofisticación. Todo ello se complementa con las toallas de alta gama y la elección de jabones biodegradables.
La masía, en definitiva, no solo preserva el legado de una familia, sino que invita a vivirlo en un entorno que combina la serenidad del pasado con las comodidades del presente. Un refugio pensado para quienes buscan desconectar sin renunciar al diseño, la sostenibilidad y el confort.
Obra e interiorismo: Espais amb Arquitectura. Equipo de arte: Kanela Studio. Estilismo y decoración: Mar Gausachs.



































