- 25 reformas espectaculares: antes y después
- Las 65 casas de campo más bonitas de madera o piedra
- 10 tendencias del estilo rústico en 2024 para casas de campo
- Las 20 casas con jardín más bonitas que puedes ver: modernas
En la Cerdaña, los días son amables, el aire es más puro, y una sensación de plenitud parece embriagar a sus habitantes y extenderse a la flora y fauna. En este entorno, cuanto menos idílico, ha tenido lugar un proyecto muy especial: la reforma integral de una granja en ruinas que llevaba años abandonada y no tenía ni cubierta ni forjados. Lo que para otros habría sido una condena, para los propietarios se convirtió en un reto cargado de emoción. Con el estudio de la interiorista Cristina Peña al mando del proyecto –que duró nada más y nada menos que dos años–, comenzó lo más difícil, la reconstrucción y consolidación de los muros de piedra. Aunque había peligro de derrumbe, el equipo empleó técnicas tradicionales y obró el milagro. La siguiente hazaña consistió en restaurar las preciosas vigas de madera originales.
El objetivo estaba claro: restaurar, respetando al máximo las aberturas y estructura, usando la madera, la piedra y el hierro.
La casa cuenta con dos jardines que emanan paz, en parte, gracias a los grandes abetos propios de la Cerdaña, que aportan sombra cuando el calor aprieta en la temporada estival. En el jardín delantero, Cristina Peña creó un rincón de fantasía, al más puro estilo de las novelas de Jane Austen, con una cama de forja que la interiorista encontró abandonada en la maleza. Si miramos al frente, lo primero que cautiva es la fachada de piedra, con vigas, marcos y contraventanas de madera. Aquí, también se dispone un amplio porche con zona de estar, ideal para disfrutar del aire libre en un entorno más protegido del sol y de la lluvia.
Al entrar en la vivienda, cuesta imaginar que la planta baja fuese antiguamente una cuadra de animales. Ahora, este espacio se ha convertido en una gran sala de estar que actúa al mismo tiempo como sala de juegos y recibidor, con muebles clásicos y detalles rústicos.
El estudio se encargó de todo, desde la elección de materiales de construcción hasta la distribución y diseño de mobiliario, manetas, puertas, armarios, herrajes y tapicerías.
A través de una ligera escalera de plancha de hierro, que contrasta con la piedra para darle un toque actual a la reforma, y que se corona con una lámpara de lágrimas, llegamos a la primera planta. En ella, aguarda el salón formal, donde la chimenea, diseñada también por el estudio, enfatiza la doble altura con vistas al porche y al jardín posterior. El espacio se articula con mobiliario y lámparas de grandes firmas, y objetos antiguos heredados, combinando lo moderno con lo clásico y lo rústico.
En la parte alta del salón, subiendo unos escalones, se disponen el comedor y la cocina. Dos espacios abiertos que pueden separarse a través de tres grandes paneles de madera correderos. Acogedor y recogido para los fríos días de invierno, el comedor cuenta con una gran mesa hecha a medida para poder sentar a toda la familia, y una chimenea de piedra restaurada que hace un guiño a los orígenes de la vivienda.
Como la casa está pensada para recibir a familiares y amigos, no es de extrañar que tenga varias habitaciones, todas ellas amplias y decoradas y pintadas en distintos colores para personalizarlas al máximo.
Los cabeceros de lamas de madera, evitan el contacto con los muros de piedra y combinan con puertas y armarios.
El dormitorio principal se ubica en la buhardilla y ocupa toda la planta, en una perfecta simbiosis de piedra y madera con piezas de herencia. Un detalle encantador son las ventanas de tejado, que aportan una luz especial y dejan ver la nieve acumulada cuando llega el invierno.
El resultado confirma que hasta la mayor ruina se puede convertir en un tesoro si se plantea desde el cariño, y por supuesto, desde el saber hacer.
Proyecto e información: Cortesía de Cristina Peña.












































