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Ni muy oscura, ni muy clara, ni con subtonos amarillos demasiado evidentes. La búsqueda del tono perfecto para la madera de roble se convirtió en uno de los mayores desafíos para la arquitecta Joana López de Madariaga en este proyecto. "Vimos muchísimas muestras hasta dar con el tono del barniz", explica. Un minucioso trabajo que ha transformado un piso de los años 70 en un espacio que refleja a la perfección el carácter de su propietario: ordenado, masculino y elegante.
Un cambio radical en la distribución
Donde antes había tres dormitorios, un salón con terraza y una cocina pequeña e incómoda, ahora encontramos una distribución que aprovecha cada centímetro de los 80 metros cuadrados. "Se perdía mucha superficie en pasillo", recuerda la arquitecta sobre el estado original del piso, ubicado en el barrio madrileño de Prosperidad.
El principal objetivo de la reforma integral era crear un hogar que transmitiera paz a su propietario, un espacio pensado para la vida en pareja. Para conseguirlo, López de Madariaga derribó todos los tabiques y diseñó una nueva distribución con dos dormitorios, un vestidor, dos baños y una zona social amplia y completamente diáfana. La doble orientación aporta ahora luz natural a toda la cocina, salón y comedor.
Los materiales y las texturas son los protagonistas. Paredes, rodapiés y techos comparten el mismo color, creando una envolvente que potencia la madera y la piedra. Las puertas, de suelo a techo, están realizadas en roble con un tinte oscuro que aporta contraste y refuerza el carácter masculino del espacio. Esta misma madera se extiende de forma coherente por toda la vivienda.
Adaptar todas las necesidades del propietario en solo 80 metros no fue, en absoluto, una tarea sencilla. "Tuvimos que darle muchas vueltas a la distribución para optimizar el espacio al máximo", reconoce la arquitecta. El programa incluía elementos como una chimenea, un mueble para ocultar la TV, una vinoteca, una ducha con banco y un vestidor amplio con potencial para convertirse en un tercer dormitorio en el futuro. ''Para integrar todo esto, trabajamos mucho en los detalles de las carpinterías de madera. Además, todo el mobiliario fijo está hecho a medida''.
La cocina dispone de una cómoda península con zona de fregadero, almacenaje y barra de desayunos. Está realizada en la misma madera que el resto de armarios, con superficie efecto mármol en cascada.
En el salón, una librería de líneas ligeras incorpora un panel corredero lacado en el mismo tono que las paredes. Este elemento se desliza suavemente para ocultar la televisión cuando no está en uso. La parte inferior, revestida en piedra, incluye una elegante chimenea.
En el pasillo, una puerta oculta conduce a un baño de cortesía revestido con papel textil en un tono neutro que sirve de telón de fondo para el mueble de madera, en contraste con la encimera de piedra negra.
El dormitorio principal se complementa con un amplio vestidor, al que se accede a través de una apertura en arco, y un baño en suite.
El baño de la suite, revestido en microcemento blanco, aligera visualmente el espacio y contrasta con la calidez de la madera, presente en el mueble de lavabo. Asimismo, dentro de la ducha, una hornacina retroiluminada ofrece almacenaje y crea un ambiente de intimidad.
El resultado es un hogar que desprende serenidad y sofisticación. La distribución fluye de manera natural, los materiales se combinan con armonía y la luz se integra como un elemento esencial del conjunto. "El cliente está encantado con el resultado", concluye la arquitecta.
Proyecto e información: Cortesía de Joana López de Madariaga. Estilismo: Beatriz Torelló.


























