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El concepto que solemos tener de las viviendas de alquiler dista mucho de una imagen sofisticada y elegante. En el imaginario colectivo, este tipo de pisos carecen de personalidad y mucho menos de estilo. Sin embargo, la realidad es radicalmente distinta, La arquitecta Carolina Sorgi así lo demuestra en su último proyecto de reforma integral e interiorismo en un edificio clásico del barrio de Justicia, en el centro de Madrid.
Los propietarios habían adquirido el inmueble con el deseo de destinarlo al alquiler, así que el objetivo del proyecto consistió en acondicionar la vivienda desde cero.
Antes de la reforma, la vivienda ya había sido modificada, y muchos de los elementos clásicos característicos, como las molduras, habían sido eliminados. Además, la distribución existente no satisfacía las necesidades de los nuevos propietarios. Una de las principales claves de la reforma, por tanto, fue recuperar la esencia original del edificio, logrando una transformación completa que combinara comodidad, funcionalidad y modernidad sin perder los elementos clásicos propios del edificio, como las molduras en paredes y los suelos de madera.
La distribución del piso se modificó por completo. Para empezar, la cocina se trasladó de sitio para integrarla en la zona social, y una de las habitaciones se movió hacia el patio interno, aprovechando al máximo los balcones que dan a la calle. Esta reconfiguración resultó en una zona social amplia y luminosa. Además, se reorganizó el espacio para que ambas habitaciones fueran en suite, incluyendo un generoso espacio de almacenamiento en cada una, y se diseñó una zona de lavandería separada de la cocina. También se aprovechó la buhardilla para crear un estudio para el teletrabajo, multiplicando la funcionalidad del inmueble.
El piso tiene una superficie de 125 metros cuadrados útiles, con tres balcones a la calle. La distribución actual incluye un salón-comedor con cocina abierta, un área de lavadero independiente, un aseo de cortesía, dos habitaciones en suite (una de ellas con vestidor), y un estudio en la buhardilla.
En cuanto a la decoración, se mantuvo una paleta de tonos neutros claros, siguiendo la preferencia de la propietaria por crear un ambiente limpio, tranquilo y fresco. Además, se eligieron tejidos y materiales duraderos, ideales para una propiedad de alquiler. El estilo decorativo es ecléctico, combinando muebles de anticuarios, como sofás de RueVintage, con elementos contemporáneos, como las sillas de comedor CH24 de Carl Hansen, logrando un equilibrio entre clásico y moderno.
Los materiales utilizados también siguen una gama de tonos neutros y claros. El suelo de toda la vivienda es de roble natural en espiga, favoreciendo la calidez. La cocina cuenta con un porcelánico tipo terrazo que protege el área de trabajo y añade un toque especial y acogedor. En los espacios húmedos, se utilizó un porcelánico italiano de gran formato en tonos beige para asegurar durabilidad y resistencia, creando una sensación de limpieza, modernidad y luminosidad.
Toda la vivienda está pintada en un solo color para generar continuidad y sensación de amplitud en los espacios. La cocina, integrada en la zona social, tiene un acabado lacado en el mismo tono, logrando un aspecto elegante y sobrio en armonía con el resto de la vivienda.
Finalmente, al ser una propiedad de inversión destinada al alquiler, los propietarios no tenían piezas específicas que desearan integrar, por lo que todos los elementos, muebles y accesorios son completamente nuevos, seleccionados para adaptarse al diseño y funcionalidad de la vivienda.
Proyecto e información: Cortesía de Sorgi Studio.






















