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Cuando Naiara se puso en contacto con la interiorista Anabel Soria para reformar su piso de 54 metros cuadrados –que estaba prácticamente como en sus orígenes–, no albergaba muchas esperanzas, ya que no era capaz de imaginar cómo se podría aprovechar el espacio. Lo que más necesitaba era una cocina grande, puesto que una de sus grandes aficiones es la repostería, y acostumbra a vender tartas para ocasiones especiales.
El proyecto, por tanto, puso el foco en el diseño de la cocina. ''Cuando vimos el piso nos encontramos con una cocina independiente totalmente cerrada y muy pequeña, llena de esquinas, así que lo primero que hicimos fue demoler esos tabiques y unificar la cocina con el comedor. También optamos por una distribución lineal, mucho más cómoda y aprovechable que una distribución en esquina. Además, el ancho del espacio nos permitió sacar un frente de armarios altos para el escobero, despensa y una pequeña hornacina decorativa para el café, restándole volumen a todo el conjunto'', expone la interiorista.
La cocina marcó también la distribución del salón comedor, ya que ahora todo el espacio es visible desde el recibidor. ''Al eliminar los tabiques que separaban la cocina y un pequeño pasillo de entrada a la vivienda, ampliamos el espacio y la luz'', afirma Anabel Soria.
Todos los tonos de la vivienda son cálidos, con subtonos rosados que aportan un aire más femenino y juvenil.
El salón y la cocina quedaron separados visualmente por la puerta del distribuidor de la zona de noche, así pues, en el espacio más cercano a la terraza se ubicó el frente con el mueble de TV de IKEA, y el sofá con chaiselongue y arcón para multiplicar al máximo el almacenaje.
Al haber distribuido la cocina a lo largo en un único frente, quedaba un espacio de entrada abierto y diáfano donde se colocó la mesa de comedor extensible de Kave Home, perfecta para cuando se necesite más superficie de trabajo o haya invitados. Lámpara de Zara Home y sillas de Sklum.
El baño se amplió hacia la antigua galería de la cocina. ''La cerramos por la parte de la cocina y la abrimos al baño utilizando este espacio como ducha. Además, aprovechamos este nuevo tabique que cerraba la cocina para crear una hornacina de geles'', dice la interiorista.
El suelo de la vivienda, laminado de Faus, también se eligió para el baño, ya que al ser un piso tan pequeño, era imprescindible mantener esa continuidad en todo el pavimento. En el interior de la estancia, la espiga clásica se combinó con porcelánico imitación mármol blanco y con la grifería, periferia y complementos en negro. Un resultado sencillo con acabados de efecto natural y atemporal que desprende elegancia.
En los dormitorios, se escogieron bases neutras y sencillas para aportar el color con los textiles (cojines y pies de cama de Pepe Peñalver). ''A la dueña de la vivienda le encanta cambiar los colores de los textiles según la temporada, por eso decidimos mantener una base de colores claros, blancos y beiges como los cabeceros, y así poder ir jugando con dichos textiles para aportar ese toque más personal'', explica Anabel Soria.
Proyecto e información: Cortesía de Anabel Soria.


























