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Construida en 1875, esta casa rústica que sigue el estilo de las clásicas cabañas de madera, goza de unas espectaculares vistas a las montañas desde prácticamente cualquiera de las zonas, ya sea interior o exterior. Bajo la mano experta de la interiorista Francesca Grace, la casa se convirtió en un acogedor y lujoso refugio que combina la nostalgia de su pasado con todas las comodidades de la era moderna.
El objetivo del proyecto era resaltar el encanto rústico de la casa original, y para ello se empleó una paleta de tonos terrosos junto a materiales naturales como la madera, el ratán y el mármol. El resultado es un hogar donde la luz natural fluye libremente y donde cada rincón exhibe un sutil equilibrio entre lo clásico y lo contemporáneo.
Pero la transformación no termina en el interior. Y es que las múltiples terrazas y espacios al aire libre también se actualizaron con muebles modulares que maximizan la capacidad de los asientos, creando así distintas zonas de entretenimiento al fresco que invitan a disfrutar de las reuniones familiares o entre amigos en cualquier época del año.
El comedor exterior, anexo al salón, cuenta con un mirador de ensueño para compartir deliciosas comidas en contacto con la naturaleza.
La cocina de diseño abierto en forma de U, combina la madera y el ladrillo, y dispone de una pequeña barra de desayunos.
El mobiliario del salón supone una oda al diseño contemporáneo, en contraposición a la estructura rústica de la vivienda.
En el comedor, elementos antiguos como la lámpara tipo candelabro, contrastan con la modernidad de la mesa y las sillas Wishbone.
Junto al salón se diseñó otra sala de estar más íntima, enfocada a esos momentos de café y charlas, e incluyendo un escritorio para trabajar.
Los dormitorios de la vivienda siguen el mismo estilo rústico. En la habitación principal, destaca la amplitud y la conexión con el exterior, así como la chimenea de ladrillo visto frente a la cama con dosel.
Otra de las habitaciones se destinó como zona de despacho y dormitorio ocasional, con un escritorio en color rosa y una cama tipo diván de ratán.
A través de unas escaleras de madera, se llega a la casa de invitados, planteada como una coqueta cabaña con techo a dos aguas y vigas vistas.
Proyecto e información: Cortesía de Francesca Grace.




































