Como apasionados de la estética tradicional, así como de la literatura y el arte ruso, los propietarios de este piso de 62 m2 en Moscú, deseaban que el interiorismo fuera un reflejo de sus gustos, ya que se convertiría en su vivienda habitual. La peculiaridad del piso es la presencia de un largo pasillo, que desde el principio se planeó como una galería con pinturas adquiridas por la propietaria.
El pasillo queda separado del salón mediante una elegante librería acristalada que flanquea la entrada.
Sofisticada materialidad
En lo referente a los materiales, se eligió madera de nogal para dormitorios y pasillos, azulejos geométricos en la cocina, y mármol en los baños.
Una acertada selección cromática
La gama cromática en tonos cálidos, fue uno de los requerimientos de los propietarios, y una forma estupenda de aportar luz al frío Moscú.
El resto de muebles son nuevos, vintage o realizados a medida expresamente para la vivienda.
Los armarios de la cocina exhiben un look retro con tiradores de concha dorados.
Protagonismo en las paredes
En el dormitorio de los propietarios y en la habitación infantil, las paredes se revistieron con papeles pintados, mientras que el resto de estancias se pintaron en un cálido blanco perla, que adquiere luminosidad con los rayos de sol.
La cama destaca por el cabecero tapizado en lino gris, y por las lámparas vintage de las mesitas.
Proyecto e información: Cortesía de Yulia Golavskaya, de Golavskaya Interiors&Arts.

























