La reforma integral de esta vivienda unifamiliar adosada se proyectó como un soplo de aire fresco. Sus propietarios, —una pareja hispano taiwanesa— no tenían mucho ''equipaje'' que almacenar, así que el proyecto se basó en tres premisas: la búsqueda de la simplicidad (que no minimalismo), una selección depurada de materiales, y la creación de espacios abiertos con altura. Esto último fue, sin duda, lo más difícil de conseguir, ya que la vivienda, construida en los años ochenta, ''contaba con techos de 2,50 metros de altura entre forjado y forjado, lo que obligó a definir las instalaciones casi como en un juego de sudoku, para no bajar el techo ni un solo centímetro'', exponen los interioristas. Viendo las fotos de la casa, solo podemos decir: ¡objetivo cumplido! 😎
Con 160 m2 distribuidos en cuatro plantas, la casa —próxima a la ciudad de Barcelona—, está situada en un enclave único junto a la sierra de Collserola.
DISTRIBUCIÓN
La planta baja se abrió al jardín trasero gracias a una puerta ventana corredera de más de 5 metros de ancho que va de medianera a medianera.
Los espacios de cocina, comedor y salón se plantearon como un ambiente continuo, fluido y muy ligero que únicamente se diferencia mediante el estudiado cambio de materiales en muebles y pavimento.
Para respetar los ejes y las simetrías que aportan armonía y proporcionalidad a la configuración del salón, el aseo se tuvo que instalar en apenas 90 centímetros.
En la primera planta, fue necesario renunciar a una de las habitaciones para conferir al dormitorio principal mucha más luz y espacio, algo que también contribuyó a disimular la escasa altura del techo.
Por último, en la planta de la bohardilla, donde se mantuvo el techo de madera ''anaranjada'' y una biblioteca a medida en la misma madera, se buscó el contraste con el nuevo suelo de microcemento, dando forma a un lugar estupendo para teletrabajar. Qué rinconcito tan cálido, ¿verdad?
Proyecto e información: Cortesía de GokoStudio.
































