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En la profunda y genuina tierra de la Alpujarra Granadina se mece la historia actual de Guillermo Rodríguez como ebanista. Hace ya unos años que dejó Madrid y su trabajo de fotógrafo para asentarse aquí y comenzar una fascinante relación con la madera, ese material que siempre le atrajo y hoy le conecta con su yo más profundo. Aprendió el oficio junto a su padre, escultor, y hoy pone su mirada en grandes ebanistas para inspirarse, sobre todo japoneses como Kenji Suda, experto en el oficio del sashimoni, una técnica para ensamblar sin clavos ni adhesivos. Hoy, los joyeros, cajas, cajoneras, sillas de tendencia y otros muebles de Guillermo, quien forma parte de Homo Faber Guide, poseen lo bueno de la artesanía del pasado, la que dura para siempre; y lo mejor del diseño contemporáneo, que los hace únicos. Porque sus ensamblajes y uniones de piezas combinan técnicas tradicionales y actuales que buscan la durabilidad de la obra para acompañar al propietario por muchos años, por generaciones, y convertirse así en parte de su historia familiar. Le entrevistamos para descubrir su relato, que el nos cuenta con la misma poesía que dedica a sus muebles.
¿Cuál fue el camino que recorriste hasta llegar a entender que lo tuyo era la ebanistería?
Podría decir que las primeras semillas llegaron cuando era pequeño. Mi padre fue escultor y trabajaba la piedra, pero en sus últimos años se interesó mucho por la madera y adaptó una parte de su taller con maquinaria de carpintería. Como el taller estaba en casa, pasé muchos ratos viéndole trabajar. Disfrutaba mucho tratando de ayudarle y él siempre me dejaba probar las máquinas, cortar o cepillar la madera. Incluso di forma a juguetes o pequeños instrumentos. Cuando él falleció, esa parte de mi vida quedó parada en el tiempo. Luego me formé y me dediqué profesionalmente a la fotografía en Madrid. Hace no muchos años, tuve una necesidad de encontrar una nueva realidad, más acorde con mi persona y mis propios ritmos e inquietudes. Así que esa semilla del pasado volvió a despertar con la madera como protagonista. Me vine a vivir al campo, a la Alpujarra Granadina, y poco a poco he ido armando un pequeño taller. He ido aprendiendo de manera autodidacta y siempre que tengo ocasión, me gusta formarme presencialmente con diferentes maestros artesanos.
¿Qué hace especiales o diferentes a tus obras?
Me gusta pensar que el objeto es el punto de partida. La técnica, la clave para que la vida del árbol perdure en el tiempo. Y la emoción lo que le da sentido a todo. Cada pieza incluye una parte muy importante de mi realidad. Seguro que la belleza puede transformarnos a las personas, despertar la sensibilidad, la empatía, las ganas de sentir y de tocar. De respetar la naturaleza. De que el mundo sea un poco mejor. Cada madera acumula una larga historia y me ilusiona poder añadir una pequeña parte. Mi intención es que cada pieza sea única, especial y muy exclusiva.
¿Cuáles son las fuentes de inspiración que tienes a la hora de crear?
Los maestros japoneses y en especial el creador Kenji Suda, que siempre me han removido y emocionado. Son sensaciones que de manera modesta persigo revivir. Un cuadro de Josef Albers o la personalidad de alguien especial han sido a veces mis puntos de partida. La madera siempre tiene mucho que decir y es la primera que habla, antes que el diseño.
¿Qué tipo de materiales empleas?
Trabajo principalmente con maderas nobles, certificadas y tratando de hacer el uso más responsable posible con el mínimo consumo. Tengo debilidad por el arce, el cerezo y el ébano. Claro que cada madera tiene su momento y su lugar.
¿Cómo definirías tu estilo artesanal?
Parto con un enfoque técnico y estético tradicional, desde diferentes influencias y sobre todo la japonesa. Y trato de ir incorporando todas mis inquietudes, mis propias lecturas, y todos los viajes que se quieran presentar al proceso. Siempre con mucha admiración y tratando de ser muy respetuoso con todos los caminos que han recorrido antes. Me ilusiona poder ser creativo, permitirme ser libre en el diseño. Mantenerme riguroso con la técnica y amable con el material.
¿Cómo es el día a día en tu taller?
Tengo mi casa-taller en el campo en la Alpujarra granadina. No es un taller comercial y está un poco inaccesible. Ahora estoy centrado en mis propias creaciones y realizo siempre piezas por encargo siempre y cuando esté en sintonía con mi línea de trabajo, filosofía o inquietudes artísticas.
Más información: www.guillermorodriguez.com
Gema Marcos es periodista y está especializada en temas de decoración, diseño, arquitectura y hoteles. Licenciada en Ciencia de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado muchos años en la redacción de revistas de interiorismo y estilo de vida.
En la cabecera Nuevo Estilo es donde se formó y adquirió sus conocimientos sobre el mundo de interiores. Entrevistar a decoradores y arquitectos del panorama nacional, viajar a las ferias europeas de diseño y acudir cada semana a ruedas de prensa de las marcas de muebles le ayudaron a conocer más a fondo el mundo del interiorismo. Además tuvo la suerte de coordinar la sección hoteles de esa revista, lo que le permitió entender mejor el funcionamiento y la puesta en escena de algunos de los mejores hoteles de España y Europa.
Actualmente es freelance y colabora para nuestras revistas Elle Decor y Nuevo Estilo, además de llevar la comunicación y difusión en medios de algunos estudios de interiorismo nacionales. Le gusta su trabajo y disfruta escribiendo sobre proyectos de viviendas, contract, artesanía y viajes. En realidad el mundo de la decoración le ha atraído desde que era pequeña... Sabe que rodearse de cosas bonitas es algo esencial para estar contentos cada día.
Gema se divierte descubriendo nuevos alojamientos y localizando objetos curiosos en tiendas y almonedas que le inspiran, además, a la hora de escribir. Le encanta cambiar y mover los muebles de casa cada dos por tres, encender la chimenea, pasar horas en la cocina y abrir un vino en compañía. Prefiere el invierno al verano y le gustan más los potajes que el gazpacho. Su lugar favorito es Villarrube, su pueblecito materno.



















