Cuando diseña piezas de cerámica, lo primero que imagina Fabian Domenech es que éstas podrían estar entre las manos de actrices como Ava Gardner y Brigitte Bardot. En gran parte, esta fijación, que hasta le hace bautizar todas sus creaciones con nombres de celebridades clásicas, le viene por su fascinación por la "era dorada" de Hollywood, pero también por su anterior profesión como patronista, cuando ideaba prendas inspirado por estas divas de armas tomar. “Creo que la moda es algo que lo llevo integrado y esa esencia que le pongo a todo lo que hago”, señala.

Argentino de nacimiento, de madre andaluza, criado en España y formado entre Londres y España, Domenech ha encontrado en Barcelona su hogar definitivo y allí fundó hace cuatro años, tras la pandemia, su firma Madame Ceramics. Tras años centrado en las áreas de fitness y el yoga (algo que, según afirma, “nunca dejará”), echaba de menos “diseñar y ser creativo”, y lo que comenzó con unas inocentes clases de cerámica se convirtió en su nueva profesión. “No hay límites a la hora de trabajar con barro y eso me enganchó. Además, me lo tomo como una terapia mental que me ayuda a concentrarme y a estar presente. Se parece a una clase de yoga”, resalta.

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Bastian Faël
Las manos del ceramista Fabian Domenech, en pleno trabajo, en su taller del barrio de Poble-Sec.
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Fabian Domenech
Ánfora Ingrid Bergman, hecha en arcilla de loza y esmaltada a mano, de Madame Ceramics.
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Fotos: Bastian Faël/ Fabian Domenech
Domenech junto a obras sin esmaltar, entre ellas, su bolso-florero Dietrich.
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Fotos: Bastian Faël/ Fabian Domenech
El florero O’Hara que, como todos los trabajos de Madame Ceramics, se ha pintado a mano. "Creo que hoy en día todo es tan industrializado que a las personas les encanta saber que una pieza es única".

Desarrolló un estilo en el que el respeto por la cerámica tradicional se mezcla con lo reflexivo, pero también con las ganas de romper esquemas. Objetos como su bolso-florero, que son “únicas y de alta costura”, en las que trabaja tanto con torno como con planchas, y donde podemos detectar referencias al Hollywood de los 50 y al famoso modernismo barcelonés.

Sin embargo, puede que lo que más destaque de las obras de Domenech sea el esmalte de su exterior, obtenido gracias a su destreza con el pincel. “Llama la atención incluso entre los propios profesionales. No puedo dar la receta porque me ha costado mucho alcanzarla, pero llego a mezclar hasta ocho capas diferentes. En ese conjunto de colores está el dramatismo de la marca”, aclara. Entre sus planes de futuro está expandirse fuera de España (sus creaciones pueden comprarse ahora en su web, en el Hotel Sir Victor y en la concept store Nook, ambas en Barcelona) y pasar al gran formato. “Quiero experimentar con mayores tamaños, porque creo que ya tengo un estilo marcado. Me gusta hacer cosas que, aunque parezcan decorativas, sean funcionales y se usen en el día a día”, concluye.

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Fotos: Bastian Faël/ Fabian Domenech
En el sujetalibros Astaire se aprecian las numerosas capas de esmalte que el artesano aplicaen cada una de las piezas.
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Fotos: Bastian Faël/ Fabian Domenech
La jarra Mae West parece emular la piel de un leopardo. "Hay quien me llega a decir que le da pena usar mis obras porque son muy bonitas. Pero yo las he pensado para que se utilicen, para que tengan un cometido".
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Fotos: Bastian Faël/ Fabian Domenech
Fabian Domenech con algunos fruteros y jarrones salidos de su taller. "Me gusta el torno porque requiere mucho equilibrio, fuerza y suavidad a la vez".
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Fotos: Bastian Faël/ Fabian Domenech
Frutero Loren después de ser sometido al esmaltado.

madameceramics.com