- La nueva lámpara de techo artesanal del diseñador Álvaro Catalán de Ocón que parece una alfombra de fibra
- La obra textil del artista Josep Grau-Garriga: del gesto a la urdimbre
- María Peletier y sus preciosos platos de Limoges pintados a mano que nos encantan para el verano
Si pensamos en la arquitectura marroquí, es probable que el zellige sea lo primero que nos venga a la mente. Revestimiento tradicional de palacios, fuentes y mezquitas, estos azulejos esmaltados tienen un origen incierto, aunque parece que surgieron en Marruecos en el siglo X, inspirándose en los mosaicos de Roma y Bizancio, y fueron extendiéndose a otros países del norte de África y el sur de España. Cada una de sus teselas es una cuidada pieza de artesanía en la que, cada paso de su producción, depende de un artesano en concreto: crear la arcilla con una masa llamada bejmat, cincelar las piezas con el menqach (una mezcla de hacha y martillo), esmaltarlas, colocarlas en el horno por el cargador, ensamblar sus intrincadas formas geométricas por el maalem o maestro... Hoy en día es una de las tendencias de azulejos para baños.
La labor de la mano humana se aprecia hasta en su resultado final puesto que, ya sea por una pequeña variación de los colores o de forma, ninguna pieza es nunca exactamente igual a la anterior. Esa personalidad y versatilidad es lo que ha convertido al zellige en un objeto de deseo para el interiorismo. Tanto para interiores como exteriores, su uso se da un toque de elegancia y personalidad bien usándolos en la misma gama o en tonos totalmente diferentes y para decorar toda una estancia o para resaltar solo determinadas zonas como una ducha, una pared, unos suelos o un zócalo. Siendo menos puristas, también sirve como inspiración para revestimientos en azulejo más contemporáneos que toman prestados sus colores, diseños intrincados o acabados esmaltados. Artesanía en estado puro.




















