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Hace tres años que Mercedes Pérez de Castro volvió a ponerse delante de un torno de alfarería tras tenerlo más de 20 años olvidado. Lo hizo con todo el respeto posible y pensando que era de nuevo una principiante, pero fue como si no hubiera pasado el tiempo. “Parecía que nunca lo hubiese dejado, mis manos recordaban cómo se hacía”, nos cuenta esta artesana de la cerámica en su taller del distrito de Salamanca de Madrid, un local que comparte con su madre, pintora y arquitecta, y con su hermano, escultor. Todo queda en familia porque el edificio, donde también viven, es una construcción diseñada por su abuelo. Acabamos de ver a Pérez de Castro utilizar el torno y está claro que esto es lo suyo o, al menos, una de las muchas habilidades artísticas de esta madrileña para la que la pasión por crear arte es parte de su herencia familiar.
Su padre, Antonio Pérez de Castro, fue el fundador hace más de 60 años de IADE, la primera escuela de diseño de España en la que ella estudió diseño de interiores y a la que estuvo ligada más de 30 años, en su última etapa como jefa de estudios. “Mi padre sabía hacer de todo con las manos, era pintor, carpintero, electricista... Y mi hermano y yo hemos desarrollado esas habilidades. Desde muy niños siempre nos llevó a los viajes de estudios que hacían con la escuela y yo me enamoré de ello. Con ocho años ya no quería ir al colegio, quería estar allí y ser interiorista”, recuerda Pérez de Castro, que siempre combinó su perfil didáctico con el ansia de creatividad, experimentando con disciplinas como la pintura, la talla de madera o, por supuesto, la cerámica.
Precisamente fue hace tres años, cuando la Universidad Europea adquirió la mayoría de la escuela y la familia se desvinculó de ella, cuando Pérez de Castro retornó a la alfarería tras la pequeña crisis que le provocó desprenderse de IADE. Le sirvió para comenzar a cultivar un estilo en el que abundan las referencias a los animales, “siempre he estado obsesionada con esos animales que te protegen”, explica, con piezas en las que prima la practicidad, pero también los desafíos en cuanto a la técnica y los materiales, como la porcelana y el gres refractario, que trabaja a grandes temperaturas.
“Creo que, además de eso, mis creaciones tienen en común la búsqueda de lo fino, de lo ligero, de esa fluidez que tiene la cerámica y que no me gusta que se pierda”, señala la ceramista, que a finales de 2024 expuso en el espacio del estudio de interiorismo La Californie en Madrid. ¿Sus próximos pasos? Seguir experimentando con su gran pasión por el torno de alfarero y una serie de azulejos translúcidos que se encuentra diseñando para una exposición en el antiguo edificio sede de IADE (que actualmente está siendo reformado por Estudio Alrevés, fundado por su propio hijo), junto a obras de miembros de varias generaciones de su familia que también se han dedicado al mundo de la creatividad. “Toda la expo tiene el color como nexo, pero desde influencias muy distintas. Creo que el arte es una emoción y que se es posible ser artista en muchos ámbitos diferentes”, concluye.




















