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Desde hace más de 20 años en su estudio en la calle del Gobernador, en el ilustre Barrio de las Letras de Madrid, Dolores Baldó cultiva una de esas técnicas artesanas poco conocidas para el gran público, pero de gran valor creativo: la encuadernación artística.
“Lo que hacemos es aplicar la decoración a la encuadernación, pero en un vocabulario contemporáneo. Hay una parte técnica, de oficio, por lo que la construcción del libro tiene que estar bien hecha, pero también hay un potente lado intelectual”, explica Baldó, madrileña formada en Historia del Arte y Antropología y que comenzó con la encuadernación de arte a comienzos de los años 90. “Siempre he sido muy manitas, me hacía mis propios cuadernos y mientras estaba escribiendo la tesina, me puse a aprender encuadernación. De hecho, mi propia tesina la encuaderné yo en casa y cuando fui a entregarla se empezaron a salir las hojas”, recuerda entre risas.
Tras esto, Baldó se formó como encuadernadora, ya de modo profesional, y creó junto a otros profesionales la Asociación para el Fomento de la Encuadernación de Arte, AFEDA. “Empezamos a entender que las exposiciones eran el mejor vehículo para que la gente entendiera qué es lo que hacíamos y a relacionarlos con el sector a nivel internacional. Además, por esa época, se crearon los Premios a las Mejores Encuadernaciones Artísticas del Ministerio de Cultura, que cada año encuaderna el ganador del Premio Cervantes”, rememora.
En 2003 fundó su estudio desde donde atiende encargos de bibliófilos, que acuden a ella con ediciones numeradas o libros valiosos, o instituciones que valoran esta labor en la que los materiales estrella son el cuero y la pulpa de papel y donde el continente es tan importante como el contenido. “Creo que el libro no es un lienzo en blanco, porque lo que estás encuadernando te tiene que dar datos y debe haber una relación con el interior. Todo te da información: puede depender de la temática, de las ilustraciones, de los colores… Eso sí, no son decoraciones parlantes o figurativas. Nos movemos en un lenguaje más abstracto que, al igual que en el arte, aunque pueda parecer algo sencillo, está muy elaborado intelectualmente”, resalta. Por supuesto, como cualquier técnica creativa, la encuadernación artística también está abierta a nuevos experimentos y, junto a su grupo llamado Cinco ±, Baldó realiza piezas en las que innovan usando materiales poco tradicionales como el cobre, chapa de bronce, metales, piedras laminadas o acetatos.
A pesar del interés que despiertan muchas de las exposiciones que organiza junto a su grupo, la artista tiene claro cuál es el mayor problema del sector: el relevo generacional. “Está siendo complicado porque hay aficionados, pero no hay tanta gente que se vaya a dedicar a ello. Necesitamos una enseñanza oficial, como antes que había una Escuela de Artes y Oficios, para que la gente joven brillante llegue lejos. No podemos permitir que sea algo que se vaya perdiendo”, concluye.
“El libro no es un lienzo en blanco: lo que encuadernas te da datos, debe haber una relación con el interior”.

















