- La artista madrileña que 'pinta' obras con telas y agujas y hablan de sentimientos y emociones.
- Uno de los artistas españoles más prestigiosos del momento.
- La pintora que triunfa con sus retratos y ha pintado a los reyes Felipe y Letizia.
Según el escultor Jose Cháfer (Madrid, 1991) hay dos formas de acercarse a sus obras: fijándose en ellas como un objeto bello y precioso o tomándose su tiempo para verlas, dejándose llevar por su paz y tranquilidad. "Me encanta ver a alguien observándolas, recorriéndolas de principio a fin y que, debido a su complejidad, a veces no tengan claro si es el mismo punto desde el que han empezado", resalta. Aunque comenzó Bellas Artes obsesionado por lo figurativo, Cháfer descubrió rápidamente en la universidad su pasión por trabajar con las manos, por la magia de entrar en el taller. "Antes de acabar la carrera me encontré labrando una piedra de más de 1.500 kilos, así que me volví loco por la escultura", recuerda. Con esa obra ganó varios premios y, nada más licenciarse, montó un estudio con varios compañeros para, hace tres años, abrir su propio taller en una antigua vaquería en la sierra de Madrid. Allí, sobre un práctico suelo pensado originalmente para que los animales no se resbalaran, trabaja intrincadas piezas en las que reinan las curvas, "recorridos infinitos que están conectados, igual que la vida", en las que vemos ecos a Eduardo Chillida (se declara estudioso hasta de sus textos) o a la escultora Blanca Muñoz. Un sello propio en el que siluetas de aparente sutileza contrastan con la dureza de la piedra, su material fetiche. "Me gusta porque supone enfrentarte a un bloque en bruto para obtener un resultado. No hay lugar para la equivocación", confiesa Cháfer, acostumbrado a tallar mármol Macael y alabastro. Sus piezas más grandes, sin embargo, son de madera, un elemento que moldea con una motosierra o con una innovadora técnica, casi opuesta, que le permite "curvarla al máximo de forma muy delicada y suave". Con ella, alumbra mayores y espectaculares formatos, expuestos por primera vez en la Galería Canalejas de Madrid, con los que apenas genera un 10% de residuos.
Representado por la Galería Álvaro Alcázar, sus creaciones (muchas veces instaladas por él mismo) pueden verse en casas de varios continentes, desde Dubái a México o EE. UU., forman parte de colecciones como la de J.P. Morgan o se han expuesto en salas como la Opera Gallery de Beirut. Su próximo paso es investigar con nuevas formas y materiales, como el bronce que evolucionen, igual que él, con el paso del tiempo. "Como escultor tengo la necesidad de experimentar y de seguir haciendo escultura. Creo que, si no me ganara la vida así, seguiría haciéndolo, es algo que no podría detener”.

















